Cartas al director

18.05.2016 | 01:42

De asombros y alegrías, por Francisco García Castro
Leyendo una antología del poeta Carlos Pujol, me topo con unos versos que dicen: «lo pasado, pasado/ pero no pasan el asombro y la alegría de entonces». Me duele pensar en el derrocamiento de unos versos. Me duele. Pero, en el ámbito político, ¿ quién aquel que se asombre de que el perpetuo reproche y la oratoria mediocre, paseen por la campaña electoral? ¿Quién aquel que mantiene intacta la alegría? Nada, o casi nada, es por pura generación espontánea. Es por reflejo, y encaje. Quizás esto si asombre a alguien. Pues, vuelva a mirarse detenidamente en el espejo.

La sombra del consumismo, por Cristina Castro
Hay ocasiones en las que para que la gente reflexione sobre su comportamiento, algo malo tiene que pasar. Esta fue una de esas veces. Supongo que hace unos días todos los españoles, conocimos la noticia del incendio que se desató en el cementerio de neumáticos de Seseña, y estoy segura de que muchas personas ni siquiera sabían de la existencia de hectáreas de terreno dedicado únicamente a apilar neumáticos usados. Vivir en el primer mundo tiene privilegios y tales privilegios tienen a su vez consecuencias. Estamos acostumbrados a llevar un estilo de vida altamente consumista, utilizamos envases de vidrio, plásticos, metales casi todos los días. Los usamos, los disfrutamos y finalmente nos deshacemos de ellos. Sin embargo, aunque estos productos desaparezcan de nuestras casas o calles, muchos de ellos no se destruyen, sino que se almacenan en lugares inhabitados de Europa, o lugares pobres de Asia donde forman auténticas ciudades de basura, de las que todos se desentienden. Creo que ya va siendo hora de exigir una responsabilidad a las empresas que producen los productos, para que cuiden tanto el proceso de fabricación como el de reciclado posterior. Quizás esa basura solo es de algunos, pero el planeta es de todos.

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