Entre el sol y la sal

Y a ti te encontré en la calle

18.05.2016 | 01:42

Hace poco me decía el maestro Don Manuel Alcántara en grata e inolvidable sobremesa que escribir una columna semanal es más difícil que una diaria, pues te agobias y te presionas más de lo debido mientras que afrontar la obligación cada 24 horas es como afeitarse. El problema es la actualidad. Puede que el objeto de tu columna aparezca el día antes de su redacción o que tu inspiración nazca días atrás, y este último es el caso en esta ocasión. Me refiero, cómo no, a la representante catalana de la CUP, Anna Gabriel.

Han pasado ya unos días desde que esta inacabable musa llamó nuevamente a la puerta de los columnistas para decir que aboga por tener hijos, hasta ahí vamos bien, pero los retoños deben ser criados por la tribu, y ya estamos jodiendo la marrana, que rima con Anna. Como no puedo evitarlo, aquí va mi reflexión semanal.

Según Anna lo suyo es que el bebé sea amamantado y educado por una pluralidad de padres y madres para superar el concepto arcaico, rancio y tradicional de lo que se entiende por familia. Es decir, al estilo del pájaro cuco tienes descendencia y la entregas para ser engordada física e intelectualmente por otros. A poder ser que la criatura te sea devuelta cuando haya hecho la mili, así evitamos malos ratos con las notas y nos ahorramos la edad del pavo.

Esto no deja en muy buen lugar a la pareja de Anna Gabriel, pues no parece que tenga la capacidad de crianza por sí solo, o sola, que desconozco si es él o ella lo que se convierte en el paria de la tribu, si, lo que viene siendo el tonto del pueblo o la tonta del barrio.

Por otro lado me pregunto a qué tribu se refiere exactamente la señora Anna Gabriel, cual es la fuente de la que se nutre la diputada catalana para haber pergeñado semejante teoría. Investigando un poco descubro sin exagerar que hay más tribus en el mundo que corruptos en política, ya ven. He encontrado, por ejemplo, una tribu en la que la mujer debe casarse con un hombre y con todos los hermanos de este, otra en la que queman viva a la esposa cuando fallece el marido, una en Papúa que vive en los arboles y practica el canibalismo; y otra muy curiosa, los sambia, en la que creen que los niños son débiles y sólo llegarán a temibles guerreros si ingieren grandes cantidades del semen de sus adultos, lo que ocurre desde los primeros meses de vida hasta los 15 años, edad en la que pasan a ser inseminadores. Y así un largo etcétera que demuestra que la evolución y el sentido común no afectan a todas las sociedades por igual. Repito la pregunta, en qué tribu habrá fijado sus ojos Anna Gabriel.

Lo realmente problemático de la vieja y empíricamente fallida propuesta lanzada por esa brillante mente de la sociología moderna es el planteamiento y su aplicación, pues para tener una mínima probabilidad de éxito es absolutamente necesario que todos los miembros de la tribu, o al menos los educadores, tengan un criterio uniforme y homogéneo, de lo contrario el niño recibirá información contradictoria que le convertirá en un psicópata inseguro, una peonza humana. Qué ocurriría si un padre estuviera a favor de la pena de muerte, otro fuera vegano, otro fuera del Betis, otro creyera en los extraterrestres, otro adorase la música electro latina y a otro le diera por coleccionar sellos. Pues que el cacao mental sería de aúpa y, de mayor, la niña preferirá usar esponjas marinas en vez de compresas o votará por el independentismo más feroz.

Ahí lo tienen, la idea que subyace en la moción es un adoctrinamiento sin voces discordantes que perpetúe el mantra reinante. Si muestras tu individualidad serás indigno de educar a los niños de los demás, no formarás parte de la tribu. Esto conlleva un sectarismo ideológico que aterra, lo cual es buena idea si deseas vivir en Corea del Norte, Cuba u otra dictadura actual en la que el gurú de la tribu, el chamán, marca la pauta y el rebaño obedece. La representante de la CUP nos vende un humo asambleario y democrático, pero la realidad es otra bien distinta, pues todo hijo de vecino debe acatar una máxima, la acordada por la tribu que comparte su manutención, o lo que es lo mismo, el pensamiento único. Si por el contrario decides que tu hijo es tuyo y sólo tuyo serás tachado de burgués, facha, caduco y estereotipado, o lo que es peor para esa gentuza, libre. Libre de criar a tu hijo como te venga en gana bajo tu única responsabilidad.

Querido lector, si todo esto no le ha convencido, analice por un momento a todos sus vecinos y dígame si dejaría a alguno de ellos opinar y decidir sobre la educación de su hijo. Pues eso.

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