Cartas al director

20.05.2016 | 00:24

Ignorancia política, por Diego Mas Mas
España es diferente, incluso por la asombrosa ignorancia de nuestros políticos. Alguna tan grave y visible como la del inglés, que les impide representarnos bien internacionalmente. Otra, no menos desastrosa, es su desconocimiento de la economía, incluso de la que se puede aprender «en dos tardes», como decía Sevilla de Zapatero; para no hablar de Rajoy. Qué decir del pueblo? En la reciente manifestación del 15M presencié el escándalo que armó un conocido anarquista porque allí se pidió que no se repitiera «una anarco-abstención que nos trajo la mayoría absoluta del PP». Como si el anarquismo no hiciera siempre propaganda contra el voto, propugnara el «cuanto peor, mejor», y debilitara y desuniera a la izquierda. En el extremo opuesto, la derecha mete miedo –se supone porque encuentra quienes no se ríen de ello– afirmando que la izquierda nos pondría al nivel de Venezuela o Irán, como si pudieran ser comparables con un país europeo, hoy incluso en la OTAN y UE. Claro que todavía hay un cuarto de nuestros compatriotas que creen que el Sol gira alrededor de nuestro planeta, y otros mitos extra e intra terrestres; y la mayoría está mucho más interesada en informarse sobre ciertos deportes que sobre sus propios intereses políticos. Y así estamos.

Esperanza desde Londres, por Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte
Una noticia esperanzadora: Sadiq Khan, un británico de ascendencia paquistaní y de religión musulmana, ha sido elegido alcalde de Londres. La distancia que separa nuestra cultura con la de otras ciudades o países es evidente. ¿Cuántos años tendrían que pasar (en esta España dispersa en ideas nacionalistas) para que una persona de distinta raza, color y lejana ascendencia cultural llegara a ostentar el cargo de alcalde de una gran ciudad como ha ocurrido en Londres? ¿Un año luz, por ejemplo? Que cualquier persona se pueda arrojar al abismo radical no es una cuestión que tenga que ver con razas o colores. Es más bien una cuestión racional que alguien apueste por los valores humanos ante cualquier fricción racial que vaya minando la convivencia entre las personas. El multiculturalismo y su intercambio nos enriquece a todos. Por eso, debemos tomar nota de esas ciudades cosmopolitas, que apuestan por alejar el sectarismo y la xenofobia entre sus ciudadanos. Así, esas mezquinas debilidades del hombre no tendrían más remedio que ir diluyéndose del pensamiento humano.

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