Juzgado de guardia

El corderito que escondía un lobo

23.05.2016 | 02:13

No me suele gustar cubrir juicios como el de la semana pasada. Ya saben, un jurado popular ha condenado en Málaga a Miguel Ángel G. por acabar el 22 de septiembre de 2013 con la vida de su exnovia, Estefanía Torres, y su hijo Aarón, de solo cinco años, en un horrendo crimen motivado por la violencia machista de este sinvergüenza. Ha pedido perdón y se ha arrepentido, pero nada puede justificar aquellas 24 horas de locura en las que él mismo reconoció haber arrasado con todo, hasta con la vida de otros. Pero si algo me ha quedado claro de este tipo de casos es que hay gente en la función pública que merece la pena así como abogados que se ganan el pan honradamente, gente de una pieza. Empezaré por alabar la intervención de la fiscal andaluza de Violencia de Género, Flor de Torres, una de las mayores expertas del país en este terrible fenómeno que hizo un juicio perfecto. No sólo estremeció que, como en cada juicio, lo primero que haga sea preguntar al acusado si se arrepiente de haberle quitado la vida a una pareja o expareja, sino que en su alegato final habló de que este crimen había que verlo como un atentado a los derechos humanos de todas las mujeres. Da gusto ver a una servidora pública que se cree lo que hace y que ha empuñado como pocas la bandera de la lucha por la igualdad real, poniendo en perspectiva que no se trata solo de dos muertes, sino que los fallecidos son dos víctimas de la violencia machista, como tantas otras, pero que deben ser recordadas para que esto no vuelva a pasar. Especialmente emocionadas fueron sus palabras para Aarón, un chiquillo de solo cinco años y de 29 kilos de peso, que perdió la vida asfixiado por su propio padre. También fue acertada y prudente la actuación del abogado defensor, quien sabiendo que tenía en sus manos un asunto prácticamente indefendible, optó por un acuerdo. Pero lo que va a quedar de todo esto es la dignidad y el silencio de los padres de la joven, que prefirieron no acudir al juicio para evitar volver a exponerse a ese dolor sordo que les corroe desde hace tres años. No recuerdo quién dijo que la muerte de un hijo nunca se supera, y en este caso a ello se suma la muerte de un niño inocente. Nadie puede comprender su inmenso dolor, pero al menos el tribunal del jurado hizo justicia mandando a prisión durante muchos años a un tipo que, aunque se ha mostrado como un corderito durante los tres días de juicio, el día de su detención, la jornada en la que se reconstruyó el crimen en el barrio de La Luz y en algunas declaraciones, dejó claro que es un lobo.

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