Tierra de nadie

Texto y contexto

27.05.2016 | 05:00

Los telediarios nos dejan sin palabras, aunque tengamos muchas. Escuchas a Soraya Sáenz de Santamaría o a Montoro decir que la carta de Rajoy a Juncker prometiendo recortes no es la carta de Rajoy a Juncker prometiendo recortes, y te quedas absurdo, porque tú mismo la acabas de leer y jurarías que es una carta de Rajoy a Juncker prometiendo recortes. Niegan, sin ponerse colorados, lo que todos hemos visto y escuchado y hasta tocado con estos dedos que se han de comer la tierra (¿o lo que se comía la tierra eran los ojos?). Te levantas un momento del sofá para ir al botiquín a por un antiácido y al volver está Andrea Levy asegurando que un millón doscientos mil euros de fianza no van a ninguna parte. No significa nada, en fin, que un juez te ponga, como partido político, en esa tesitura. Para rematar la faena, termina asegurando que no volverá a ocurrir lo que un poco antes ha dicho que no había ocurrido. Yo hablo mucho en mis talleres de escritura de la diferencia entre lo que ocurre y lo que se nos ocurre. Resulta fundamental conocerla para un escritor. Si bien es cierto que la frontera entre la realidad y la ficción es más porosa de lo que creemos, no es menos exacto que ese límite existe y que cualquier persona con dos dedos de frente debe saber a cada instante en qué lado se encuentra. Pero al cuarto de hora de estar viendo el telediario, dudas de si lo que ocurre se te está ocurriendo o viceversa. Pongamos que aparecen en la pantalla Miguel Roca y el juez Castro, y que el primero niega la información que acaba de dar el segundo acerca de la solicitud de una reunión secreta que el bufete del abogado pretendía mantener con el magistrado. Uno de los dos miente y todos sabemos cuál. Pero, incluso sabiéndolo, sientes una vergüenza enorme y una sensación de irrealidad con la que te vas a la cama y sueñas lo que sueñas. ¿Qué rayos vamos a soñar después de la terapia de choque del telediario? ¿Y qué me dicen de ese otro juez al que hemos escuchado pactar la declaración con un imputado para perjudicar a una compañera? Pues tampoco ha sucedido. Han sacado las cosas de contexto. ¿Pero queda todavía contexto o todo es ya puro texto?

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