Aprendiendo de nuestros errores

El billete de 500 euros

30.05.2016 | 05:00

El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, formado por los seis miembros de su Consejo Ejecutivo y los diecinueve gobernadores de los bancos centrales de la zona euro, acordó en su sesión del 4 de mayo último dejar de imprimir billetes de 500 euros. Así pues, la joven moneda única europea pierde su más elevada denominación, aunque lo hará de una forma lenta: dejará de producirse hacia el final de 2018, aunque los que existan seguirán siendo de curso legal y, por tanto, mantendrán su valor, de forma indefinida.

De esta forma, se acepta una recomendación de los ministros de economía y finanzas de la Unión Europea. Estos, en el marco de un debate para analizar el origen de las fuentes de financiación del terrorismo y otras actividades ilícitas, apuntaron a la importancia que el billete de 500 euros tiene en este tipo de actividades, solicitando al BCE que estudiara la posibilidad de retirarlos.

Tampoco esta decisión del Banco Central Europeo se ha adoptado de una forma totalmente pacífica, ya que, Alemania, en principio, se oponía. En una reciente entrevista al presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, señalaba: «No conozco ningún estudio que demuestre que eliminar esta denominación vaya a contribuir de manera significativa a reducir las actividades ilegales. En EEUU el billete de más valor es el de 100 dólares y no parece que allí la criminalidad sea menor». Austria y otros países con una cultura monetaria parecida a la germana piensan igual; el gobernador del banco central austríaco también ha criticado la eliminación del billete con el argumento de que se corre el riesgo de iniciar un debate sobre la abolición del dinero en efectivo, ya que consideran que dicho uso es un reducto de libertad al que no se debe renunciar.

En ese sentido podríamos decir que muere con polémica, tal y como nació. Para muchos países del área euro, la solicitud alemana de imprimir billetes de 500 euros fue una gran sorpresa. Pensemos que, en España, por ejemplo, el billete de más alta denominación era el de 10.000 pesetas, equivalente a 60 euros, pero en Francia, el mayor era de 500 francos, equivalente a 76 euros.

En su libro Recuerdos. 40 años de servicio público, Pedro Solbes señala que la operación de introducción de las monedas y billetes de euro fue un gran éxito de logística, si bien «hubo muchas discusiones previas: si debía existir un euro en papel a semejanza del dólar (petición insistente de Italia); si debían mantenerse los billetes de 500 euros (propiciados por Alemania, que contaba ya con un billete de alta denominación); si debían suprimirse las monedas de un céntimo (petición de Finlandia, que las emitió en el mínimo obligatorio pero que no utilizó en la práctica), y muchos otros».

Alemania disponía de un billete de 1.000 marcos, equivalentes a 500 euros, y sabía cuan rentable era disponer de los mismos para exportarlos a países de su entorno en el este europeo, como si fueran una mercancía más, de un coste de producción extremadamente reducido en comparación con su valor facial, y no quería que se renunciara a semejante negocio.

En la vida, casi todo tiene una cara y una cruz, un aspecto positivo y otro negativo. El invento de la dinamita, por Alfred Nobel, en la segunda parte del siglo XIX es un ejemplo más de ello. Dicho ello, parece evidente que los beneficios que origina el uso de billetes de alta denominación, en general, por el buen uso que pueda hacerse de los mismos, son muy pequeños en comparación con los daños que ocasionan. La Agencia del Crimen Organizado del Reino Unido estimó, antes de restringir su uso, en 2010, que más del 90 por ciento de la demanda de billetes de 500 euros en Gran Bretaña, procedía de los criminales.

Los billetes de 500 euros, han tenido un papel importante facilitando las actividades ilegales, por ello y por el hecho de que, según las encuestas manejadas por el Banco Central Europeo más de la mitad de los europeos declaran que nunca han visto un billete de tal valor, es por lo que se les apoda los Bin Ladens. Estimaciones de la Universidad Johannes Kepler sugieren que se utiliza efectivo en el 80 por ciento del comercio mundial de drogas, en el 70 por ciento del tráfico ilegal de armas pequeñas, en el 50 por ciento del tráfico con personas y en el 50 por ciento del tráfico ilegal de órganos humanos. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional ha estimado que el blanqueo de dinero supera, sistemáticamente y cada año, el billón de dólares estadounidenses, así como que los billetes de alta denominación también tienen un papel muy importante en facilitar la evasión fiscal y la fuga de capitales.

Dicho de otra forma, resulta imposible estimar cuántos crímenes –como se pregunta el presidente del Bundesbank– pueden impedirse al suspender la producción de 500 euros, pero lo que resulta obvio es que lo va a poner mucho más difícil, y por tanto va a impedir, algunas de las actividades ilegales que actualmente se ven muy facilitadas con su existencia.

Por ello, ahora resulta de la máxima importancia que las grandes potencias presionen a Suiza para que haga desaparecer la emisión de billetes de 1.000 francos suizos, que quedan, ahora como el billete de más alta denominación. No parece que vaya a resultar fácil, ya que Suiza tiene una larga y lamentable historia relacionada con la financiación ilegal y de colaboración con los evasores fiscales, pero es imprescindible intentarlo.

Hay quienes consideran que la auténtica razón para dejar de imprimir billetes de 500 euros es facilitar una política monetaria en la que los tipos de interés negativos pueden tomar mayor protagonismo. Sin duda, el dinero en efectivo es el mayor enemigo de los tipos de interés negativos. Evidentemente, si los bancos empezaran a trasladar, de una u otra forma, a sus depositantes, el coste en el que ellos mismos incurren al dejar sus excesos de reservas en el Banco Central Europeo, aumentaría la tenencia de efectivo en manos del público. Por ello, si se reduce el número de billetes de 500 euros en circulación, el coste de almacenar dinero efectivo es mayor, y eso hay quienes lo interpretan como una clara señalar de que todavía se puede profundizar en la política de tipos de interés negativos.

En cualquier caso, bienvenida sea la decisión del BCE de dejar de imprimir los Bin Ladens.

*Juan Antonio Gisbert es economista

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