Tribuna

Cosas de la corte británica

31.05.2016 | 05:00

Sadiq Khan es el nuevo alcalde de Londres. Ya desde el inicio, la campaña electoral discurrió por derroteros, no sólo de política municipal, sino también de confrontación religiosa. Daba la impresión de que se hablaba más del credo de los dos candidatos principales, el musulmán Sadiq Khan y el judío Zac Goldsmith, que de su afiliación política: laborista y conservadora respectivamente. De hecho, para los medios de comunicación de todo el mundo, la noticia no era otra que esta: «Primer alcalde musulmán de una capital europea». Por si alguien pudiera pensar que con la designación de un no cristiano se introduciría una ruptura radical con la multisecular tradición religiosa de la ciudad, el nuevo presidente del ayuntamiento londinense quiso que su primer acto público tuviese lugar en la catedral anglicana de Southwork.

En Londres hay 8,6 millones de habitantes. El 44% pertenece a diferentes minorías étnicas. Según el Muslim Council of Britain, el 12,6% de la población londinense es musulmana, la cual frecuenta 415 mezquitas con sus correspondientes centros de estudios islámicos. Un informe de la Oficina Nacional de Estadística dice que, en 2014, Mohammed fue el nombre más usual entre los inscritos en el registro civil. Por otra parte, el diario The Guardian acaba de publicar el dato de que, también en 2014, el número de personas que, en Inglaterra y Gales, dijeron no pertenecer a religión alguna ascendió al 48,5% de la población; en Londres, al 40%; mientras que el 43,8% de los habitantes de Inglaterra y Gales se declaró cristiano.

El aumento de esa tendencia hacia la diversidad de creencias, a la par que hacia la indiferencia religiosa, es la que movió, hace dos años, a Nick Clegg, viceprimer ministro del Reino Unido, a decir que Isabel II «debe abandonar su función de Jefa de la Iglesia de Inglaterra». «Yo no soy un hombre que practique la fe, pero no me parece que sea un problema el decir que tenemos una identidad cristiana importante. Esto no quiere decir, sin embargo, que seamos exclusivamente cristianos. Debemos recordar que uno de los grandes valores cristianos es la tolerancia. Estamos abiertos a las personas de otras confesiones y religiones, de todos los credos y ninguno, y eso es lo que hace a nuestro país muy especial».

Y es que los reyes de Inglaterra son Defensores de la fe y Jefes supremos de la Iglesia. Pero, ya en cierta ocasión, el príncipe heredero Carlos manifestó su intención de modificar el primer título. Él sería, si llegase a reinar, Defensor de las distintas fes, expresando así su voluntad de amparar las diferentes creencias de sus súbditos. Esta amplitud de miras debió de adquirirla en casa. Su madre, Isabel II, designó como Maestro de Música, cargo que existe en la corte británica desde el siglo XVII, a Peter Maxwell Davies, quien falleció el pasado mes de marzo. Davies fue un gran compositor, republicano convencido y ostensiblemente ateo. Para él, según declaró en una entrevista realizada por la BBC, «religión es una palabra sucia». Pero se ve que eso no le pareció relevante a la Reina y él tampoco hizo ascos a ser músico de la que es monarca y cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Es preciso decir, no obstante, que algunas de sus composiciones muestran un fino anhelo de verdad espiritual y que él mismo halló un atisbo de armonía trascendente en la lectura gustosa de la obra de santo Tomás de Aquino.

Por otra parte, una de las notas simpáticas del nonagésimo aniversario de la Reina ha sido la de que el pastel de cumpleaños fuera preparado, no por The Royal Chef, sino por Nadiya Hussain, musulmana de origen bangladesí, madre de familia, que ganó, en la BBC, la sexta edición del popular concurso de repostería Great British Bake Off. Su presencia ocasional en la cocina real ha hecho que los medios de comunicación repararan en el gran número de musulmanes que trabajan al servicio de la Reina. Tantos que, en el castillo de Windsor, Isabel II autorizó, hace ya unos años, la apertura de una sala de oración con el fin de que el personal de palacio pudiera realizar sus prácticas religiosas. Las autoridades locales de Windsor elogiaron a la Reina por haber tenido esa iniciativa y la aclamaron como un modelo de respeto al otro.

Cuando el viceprimer ministro Nick Clegg decía que Gran Bretaña es tolerante y muy especial no le faltaba razón. Es tolerante porque acepta que, en los rojos y típicos autobuses urbanos de Londres, se exhiban unos carteles publicitarios con la inscripción Subhan Allah (Glorificado sea Alá). Y es muy especial porque a Nadia Eweida, empleada de British Airways, se le prohibió llevar una pequeña cruz colgada del cuello durante las horas de trabajo en el aeropuerto de Heathrow. Le dijeron que perjudicaba la imagen de la compañía. Sin embargo, sí que se les permitía llevar turbante a los sijes y hiyab a las musulmanas. El asunto terminó en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, que dio la razón a Nadia.

Mientras en Londres se producía la victoria de Sadiq Khan, en un café de Karachi era asesinado a tiros el periodista Syed Khurram Zaki, de 40 años, quien había ironizado en su blog sobre la euforia pakistaní ante la elección del nuevo alcalde: «¿Sería posible que tuviéramos aquí un alcalde católico o hindú?». Y concluía su relato reconociendo que la victoria de Khan era «un triunfo de la democracia secular occidental». Cierto. Pero, en el Reino Unido, aún quedan algunos asuntos pendientes, como la revisión del Act of Settlement (Acta de Establecimiento o Ley de Instauración) de 1701, en que se decreta que ningún católico ni ninguna persona casada con parte católica pueda sentarse en el trono de Inglaterra. Y eso, como dijo lord William Rees-Mogg, exeditor del diario The Times, es «rigurosa discriminación religiosa».

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