Tribuna

El Madrid gana al mejor equipo de Europa

31.05.2016 | 05:00

L­os madridistas estábamos tan seguros de ganar la Champions, que antes de empezar la final presumíamos de que no nos importaría que el corajudo Atlético se llevara el triunfo. Contagiamos de nuestra bravuconada al equipo blanco, que debió ganar sin la asfixia de prórroga y penalties. Ante un doble enemigo por rival y vecino, el Madrid demostró que la prepotencia es el camino más corto hacia la impotencia.

Cabe recordar que Luis Enrique siente la frustración íntima de que no ha conseguido que nadie en el Barça juegue como él. En cambio, Simeone ha cumplido el sueño que nunca pudo materializar como jugador, que todo su equipo juegue como él. El argentino ya no es un leñador aislado en un conjunto de violinistas, aunque ha perdido tantas Champions casi inmediatas como Héctor Cúper en el Valencia. Con todo, los rojiblancos volvieron a acusar en Milán el impacto psicológico de la final. Tuvieron que encajar un gol para dejar de comportarse como un club de clase media, para acceder a sus categorías de carniceros y matagigantes. Aguijoneados, superaron incluso el único castigo más cruel que sufrir un penalti en contra, fallar un penalti a favor.

En el trato personal, el Atlético fue fiel a su estilo. Promedió una falta por minuto desde el pitido inicial. Hasta el delicado Torres comete infracciones, por solidaridad con sus compañeros. A propósito, algo habrá que contar del campeón. Los triunfos infrecuentes de Florentino no son obras de arte, sino obras de ingeniería. Nadie le compone poemas a la red de alcantarillado, y del subsuelo surgió precisamente el gol embarullado del pillastre Sergio Ramos. Si no lo conociéramos, diríamos que es el jugador más inteligente de Europa. Por encima de Piqué, lástima que el central madridista se empeñe en ejercer de comunicador.

El Madrid le ha birlado la Champions al mejor equipo de Europa. Sin desmerecer al esforzado Wolfsburgo, los atléticos se desembarazaron consecutivamente de Barça y Bayern. Si la Champions se decidiera a los puntos, se habría teñido de rojiblanco. Como de costumbre, el hermano pobre le ha resuelto el trabajo sucio a los madridistas. No se puede luchar contra el ADN. La calidad de las piezas que el Atlético se ha cobrado durante la competición explica las turbulencias que debieron atravesar los blancos para amarrar el trofeo. También contribuyó el hecho de que solo Bale brillara como si se jugara la renovación, en tanto que Ronaldo se desempeñaba como si descartara la continuidad en el equipo.

El mérito del Madrid no reside en haber empatado el número de las Champions democráticas con sus Copas de Europa durante el franquismo. El valor de su triunfo consiste en imponerse también contra pronóstico, a un par de meses de ser desahuciado. Y con menos estrellas por banda que media docena de clubes europeos, empezando por el inevitable Barça. Podemos perdonarles la complacencia de la segunda mitad. El monosilábico Zidane ha transmitido al césped los rescoldos de su leyenda como jugador. Ha puesto orden.

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