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La señal

Como el aire de las tormentas

12.06.2016 | 05:00

Es una obsesión la traición de los cinco de Cabridge. Pero son muy pocos los que se fijan en los quinientos de Washington y Berkeley, un numeroso grupo de izquierdistas norteamericanos que espiaban para los soviéticos, a los que creían salvadores de la Humanidad. Joseph McCarthy, que arrastra muy mala fama desde su caza de brujas, especialmente en Hollywood, se dio cuenta, junto a otros, de que entre 1930 y 1950, en las instituciones norteamericanas y en las principales empresas se escondía un número inimaginable de traidores a su propia bandera. Pero nos hemos quedado con los cinco de Cambridge, que es más cómodo, y apartamos el foco de los 6,5 millones de españoles que han votado a los antisistema. Vamos a ver el 26 de este mes si terminamos de rematar a la herida España. En cambio, Fernando Soria Balseca, subsecretario de Presupuesto del Ministerio de Finanzas de Ecuador, le ha escrito una carta muy elogiosa al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, sobre Juan Manuel Ruiz Galdón, de Gestrisam, y Rafael Oliva López, que habían brindado sus conocimientos para la construcción de una metodología de indicadores de gestión para la entidad piloto Agrocalidad, replicable al resto del sector público.

Pero lo que ganamos fuera nos lo cargamos dentro. Así, José María González, Kichi, dice que ahora en Venezuela se vive mejor que antes; y Carmena, que cumple su primer año al frente del Ayuntamiento de Madrid, recoge su cosecha de más paro, menos inversión y mucha incertidumbre y, eso sí, justifica a los okupas; ya en relación al programa electoral, los podemitas disparan el gasto público en 60.000 millones y cifran una subida de impuestos en 25.000 millones. Yo digo que son, tomándole prestada la frase a mi Yiyo, como el aire de las tormentas, y lo digo desde el terral de este viernes que asaba a Cristina Cifuentes en su campaña por el centro y a Marisa Valero, de Ciudadanos, en el CAC.
Poco antes, aquí en Málaga, se detenía nada menos que a sesenta personas por anunciar falsas ofertas de trabajo de gigolós a través de internet. Pero me pregunto, ¿tan solicitados son?, no lo sabe usted bien, me contesta una señora tomando un té. Aunque imprimimos el corazón en 3D antes de una operación, después lo engañamos unas horas con gigolós. Pero aún así no es como el takfirismo, corriente herética del Islam que consiste en negar la condición de verdaderos musulmanes a todos aquellos que no coinciden plenamente con quien se cree en posesión de la verdad. Se considera que los «falsos creyentes» deben ser exterminados o esclavizados y es legítimo e, incluso, obligatorio proceder contra ellos.

Como esos energúmenos que en Barcelona agredieron la pasada semana a dos chicas seguidoras de la selección española. Así se expresaba esta hez, «putas españolas, os vamos a matar». O ese cabrón que en Málaga se mofó de un discapacitado y luego lo apuñaló. Mala hierba. Menos mal que el Papa se ha decidido a destituir a los obispos, «negligentes» les llama, con los casos de pederastia. Pero frente a esos poseídos independentistas y los otros enemigos de la libertad, una historia de amor oculta en un cajón. Como se leía en el reportaje de Gema Atencia en este periódico, un libro de poemas guardado durante décadas en un armario escondía la vida de un condenado a muerte tras la guerra civil y ahora se plasma en Libertad negra, documental que se presentó en el Festival de Cine de Málaga.

Y sigue la recogida de firmas contra la prohibición de abrir más locales con música en directo. Una valiente, la bailaora Marina Aranda, encabeza la loable iniciativa. Olé. Los locales anteriores a la ordenanza de 2009 sí pueden contratar espectáculos con música en directo pero los posteriores no. Indefendible ordenanza. Y a punto de comenzar el concierto -por Angelicata Consort- de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en la Sala María Cristina, en homenaje a Miguel de Cervantes, aparece el alcalde y con paso sigiloso se dirige a su asiento, a la vera de maese Cabra de Luna y míster Carrillo. Un sábado, no se pierde un acto mi alcalde. Yo sigo con la lectura de Juan de la Encina (1469-1529):

Ya cerradas son las puertas
de mi vida,
y la llave es ya perdida.
Tiénelas por bien cerradas
el portero del Amor;
no tiene ningún temor
que de mí sean quebradas.

cima@cimamalaga.com

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