Cuaderno de bitácora

El último escaño

12.06.2016 | 05:00

Sin duda estas elecciones son una reválida del 20D y quien mejor se ha preparado el examen de recuperación del 26J son esa confluencia de partidos, mareas, asociaciones..., que confluyen en una marca de marketing que se denomina Unidos Podemos cuyo proyecto político es tan contradictorio como la amalgama de partidos que lo forman. Son listos. Muy listos y en la mapa de España (del patriotismo ciudadano) dibujaron un sofisticado plan electoral para aniquilar y desdibujar a cualquier fuerza de izquierdas y reclamar así su hegemonía. No les importa (y a los ciudadanos parece que tampoco) las innumerables contradicciones internas de una candidatura que engloba movimientos tan distintos y variopintos como Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), Barcelona en Comú (BComú), Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), Equo y Pirates de Catalunya, Podem País Valencià y Coalició Compromís, Esquerra Unida del País Valencià (EUPV), Bloc Nacionalista Valencià, Iniciativa del Poble Valencià -partido de Mónica Oltra-, Verds-Equo del País Valencià y Gent de Compromís, Podemos Galicia, Anova-Irmandade Nacionalista (ANOVA), Esquerda Unida (EU), Compostela Aberta, Marea Atlántica, Ferrol en Común, Marea Pontevedra y Ourense en Común... o todos los que se han sumado en el último minuto tras la absorción de IU como son el Partido Comunista de España(PCE), Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE), Izquierda Abierta (IzAb),Izquierda Republicana (IR), Partido Feminista de España, Ecosocialistas de la Región de Murcia y el Partido Obrero Revolucionario, renombrado como La Aurora-Organización Marxista. Vamos, que no falta ni el tato.

No es de extrañar que para presentar el nuevo proyecto político de Unidos Podemos se recurra a un catálogo como el de IKEA, pues sólo en estos establecimientos cabe de todo y el ciudadano encuentra todo lo que necesita para amueblar su casa. Pues en Unidos Podemos pasa igual. Si hace falta un exgeneral antimilitarista, pues hay uno en la página 23. Si necesitan alguien para encabezar una marcha anti OTAN, en la página 43 hay varios. Que se solicita un candidato para una tertulia donde defender la unidad de España, en las páginas 65 y 78 hay varios posibles, de más a menos convencidos. Que piden un independentista, no hay problema. En la separata territorial hay donde elegir.

Y se pueden permitir este gazpacho ideológico por que disponen de una base electoral cuya cohesión interna no discute estas incoherencias que a los partidos tradicionales no se les perdona. Podemos se encuentra por encima de la coherencia o de las propias contradicciones de este proyecto que hace bueno el principio de que el fin justifica los medios. Y no les va mal a tenor de los datos del último barómetro del CIS, que constató que es la marca política que más votantes ya habían decidido apoyarles y superaban en votos y escaños al centenario y perdido PSOE de Pedro Sánchez.

Podemos navega si rubor entre un proyecto populista que quiere ser transversal y moderado para captar votos de todo el espectro de la centro-izquierda a sumar las posiciones extremas de Izquierda Unida. Y en este viaje no se sonroja nadie por reclamar el concepto de patria o nación en el inicio de campaña pese a la idea plurinacional y el derecho a la autodeterminación de ciertas comunidades que Podemos incluye en su catálogo de ideas y que defienden sus alianzas territoriales. Tampoco se despeinan ninguno de sus dirigentes cuando pasan de definirse como herederos de la vieja socialdemocracia de Palme y Brandt a difundir que son los impulsores de una nueva socialdemocracia pese a que en sus mochilas llevan todos esos movimientos comunistas, marxistas y anti-sistemas. Tampoco vacilan en reclamar la soberanía frente a Europa y a la vez declarase europeísta. Hay que reconocerle el mérito, si duda.

Pero todas estas contradicciones fruto de este gazpacho de siglas que se vende en un catálogo de Ikea no son tenidas en cuenta por los millones y millones de votantes que depositaron su confianza y su voto en Pablo Iglesias, que usa como nadie las emociones y los sentimientos para hacer sonreír a un país harto de corrupción, paro y despilfarro. Les suena. Pues a él le funciona.

Y mientras Podemos sigue con su milimétrica hoja de ruta para el «asalto a los cielos», Pedro Sánchez seguía hasta ayer convencido de que su enemigo era Mariano Rajoy. Alma cándida, qué has hecho con el PSOE, que Iglesias no sólo te disputa tus votantes, si no que quiere robarte las señas de identidad socialistas. Si se confirman los datos de los estudios demoscópicos de las últimas semanas, Pedro Sánchez, mejor, el sustituto andaluz de Pedro Sánchez tendrá que tomar la difícil y trascendental decisión de abstenerse para permitir un gobierno del PP (no sé sin con Rajoy a la cabeza o una mujer a los mandos) o dejar que Pablo Iglesias los vuelva a humillar permitiendo que gobierne. Le ofrecerá una vicepresidencia, varios sillones y un par de palas para cavar la tumba del PSOE. En el epitafio rezará: «Aquí yace el PSOE. No se enteró de nada».

En esta reválida electoral hay demasiado en juego como para que los ciudadanos no acudan a las urnas. Los resultados son tan estrechos que los estrategas electorales de todos los partidos han diseñado una campaña y varían sus estrategias en función de los sondeos. Se habla de que existen entre 23 y 26 provincias en las que pueden bailar el último escaño que se adjudica por unos centenares de votos, lo que sumado al 30% de indecisos que reflejaba el CIS otorga una importancia histórica a estos dos semanas de campaña. Todos los partidos están centrando sus esfuerzos en esas plazas donde deben defender el escaño que les baila o lograr uno nuevo por un puñado de votos. El último escaño puede dar una presidencia de gobierno para una legislatura que se presume corta, áspera y parece que poco productiva por la incapacidad de diálogo.

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