Entre el sol y la sal

Se alquilan coñazos

Ponga un coñazo en su vida y comprobará que su pensamiento, por muy majadero que sea, alcanzará cotas publicitarias estratosféricas

15.06.2016 | 05:00

Desde siempre he alimentado un espíritu tan emprendedor como inútil hasta la fecha. Raro es el día que no se me ocurre una idea genial que poder patentar para venderla a una multinacional y tumbarme a la bartola el resto de mis noches, el problema es que luego la comento entre mis allegados y sus risas desvanecen cada una de mis iniciativas. Aún así no cejo en el empeño, observo minuciosamente lo cotidiano y me pregunto en qué puedo facilitar la vida humana tomando como ejemplo la fregona, Chupa Chups, Facebook y otros inventos por el estilo.

En esos pensamientos ando cuando veo en la televisión nacional el atraque del mega crucero Harmony of the Seas en el puerto de Barcelona siendo recibido por un grupúsculo de ecologistas que protestan por el deterioro que los enormes motores provocan en la vida marina. Me resulta llamativo que la llegada y estancia del mismo crucero en Málaga el día anterior haya pasado desapercibido en los medios españoles y concluyo con alivio que no hemos sido ninguneados por andaluces, sino por carecer de una adecuada recua de coñazos que, pancarta en mano, se quejen de algo. De ahí, a ver un negocio infalible en alquilar coñazos, no he tardado ni un segundo.

El diccionario de la RAE define coñazo como persona o cosa latosa e insoportable, y estarán de acuerdo conmigo en que de eso, en España, andamos sobrados. Tenemos la materia prima asegurada, así que sólo falta estructurar el asunto, organizar a los coñazos y poner en marcha una exitosa campaña de publicidad. Que viene el Papa, yo le mando diez coñazas feminazis para que se despeloten en el momento adecuado al paso de la comitiva. Que son las fiestas del pueblo, yo le aseguro la presencia de dos docenas de coñazos anarquistas que protesten contra la tradición y el democrático derecho a defender lo suyo en paz. Que el G-9 se reúne en su ciudad, no se preocupe, dé por seguro que aparecerán doscientos coñazos anti sistema para reventar el asunto y enfrentarse a unos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con órdenes políticas de no reprender las agresiones. Que la familia del preso político Leopoldo López da una conferencia en su facultad, pues le mando cuarenta coñazos tipo Willy Toledo para que desboquen y escupan sus furibundas demandas. Es así de fácil, y con pago contra reembolso.

Podría forrarme en el barrio de Gracia, en las huelgas de los controladores aéreos o de las empresas municipales de limpieza, en las iglesias y en las plazas de toros, ante cada embajada del mundo, en cualquier desfile de peletería, en mítines de los partidos constitucionalistas, y durante el izado de toda bandera española.

Piénsenlo bien, el gasto es casi inexistente. Por las pintas que tienen deben comer poquito y no parece que gasten mucho en atuendo. El kit de protesta tampoco se adivina muy caro: un par de piedras para los escaparates, un espray para los coches, un cóctel molotov para los contenedores, un tetrabrik de vino y una libreta donde apuntar el teléfono de los medios para que la alharaca obtenga el efecto deseado.

Quizá lo más costoso sea contratar un equipo de guionistas que ingenie llamativos y pegadizos ripios o cánticos del tipo «menos crucifijos, y más bolas chinas», «fuera los golpistas, de la universidad», «libertad para abortar» y demás rimas que despierten la envidia del más afinado autor de reggaetón. No sé si Pitbull o Kiko Rivera rebajarían su caché para colaborar en mi lucrativo negocio.

Cuanto más lo pienso más claro lo veo. Ponga un coñazo en su vida y comprobará que su pensamiento, por muy majadero que sea, alcanzará cotas publicitarias estratosféricas. Un impacto mediático impagable.

En este país sobran coñazos, y no se me confunda, quejarse y la envidia son nuestros deportes nacionales, pero una cosa es protestar y otra muy distinta es dedicar el santo día a mostrarse en contra de todo por el simple hecho de ser un paniaguado, un subvencionado, o un perroflauta ocioso que sólo quiere ocuparse en quebrantar la paz social y el Estado de Derecho.

A todos esos les hago un llamamiento, pongo mi empresa en marcha. Quién sabe, puede que de entre todos los aspirantes a coñazo me salga alguno valiente y lo mande a protestar a una mezquita fundamentalista por aquello de los derechos de la mujer, la pena de muerte, la separación de poderes, la libertad de orientación sexual y esas cosillas sin importancia.

Mandar currículum, razón aquí.

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