Cartas al director

16.06.2016 | 05:00

LAS ILUSIONES DE SILVIA
Mi sobrina Silvia Malena ha superado ya la faceta de la fantasía, y se dispone a comenzar la senda de la ilusión. 

Quiere estudiar Arte Dramático en Málaga.

He hablado con ella, y tiene el ímpetu de quien cree, de quien sueña. Escribo la presente para empujarla. Sí. Aquellos que estén rodeados de soñadores deberían licenciarse en «grandes empujones». Yo empujo a mi sobrina, para que suba a escena, para que dance, para que estudie. En definitiva, para que crezca en una senda –la ilusión, los sueños– kilométrica a lo ancho e infinita a lo largo. Yo empujo a mi sobrina, para llegado el día, aplaudir de pie, a una generación. Una generación a la que necesitamos más que nunca. La función no solo debe continuar, tiene que emocionarnos, asombrarnos. Tenemos el deber de empujar.

Silvia, manos a la obra.
Francisco García Castro
Málaga

Chatarra espacial
Estamos inmersos en un sistema que, hecho a medida y limitado a la precaria imaginación del Homo Vulgaris, es aprovechado por esos avezados malandrines que saben cómo manipular la estupidez humana. Presuntuosamente, alardeamos de mayor capacidad craneal con relación al de nuestros ancestros. Vale. Pero no hay tanta diferencia cognitiva con ellos; exceptuando las grandes fortunas que han amasado unos a cuenta de otros. Hemos conseguido inundar el espacio de chatarra, a cambio de descifrar algún que otro dato científico y especular sobre lo desconocido. Pero no mucho más. Por cada idea evolutiva y beneficiosa, hay muchas más improductivas y perjudiciales. ¿No será la chatarra espacial el reflejo del desarrollo de la mente humana?
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte
Málaga

EL PESEBRE NACIONAL
Aquí el que no corre vuela y, al calor de la fanfarria electoral del «España va bien» con el que Rajoy y su coro mediático nos amenizan los telediarios esperando que nos lo creamos, florecen, como amapolas en mayo, los intereses corporativos, eso sí, de aquellos que llueva o truene, cobran su sueldo a final de mes. Y es que detrás de determinadas huelgas y, a pesar de los manidos subterfugios como ese de que falta personal o inversiones en mantenimiento, etc., solo hay un denodado interés por mantener los privilegios adquiridos. ¿Acaso esos tres millones largos de trabajadores y funcionarios tocados de la mano de Dios saben que hay quince millones que han perdido sus derechos, sus convenios colectivos y pueden quedarse en la calle en cualquier momento?  Pues eso, que luego no se extrañen los sindicatos de que una buena parte de la sociedad los vea como parte del pesebre nacional.
Francisco Javier España
Málaga

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