La señal

La discoteca nacional

19.06.2016 | 05:00

Es mi candidata y lo sabes», le susurra Julio Iglesias a la popular Carolina España. ¡Vaya! Esto es política y lo demás son tonterías. No sé qué puede suponerle a la bella Carolina, pero no lo vamos a saber nunca porque las listas son cerradas y bloqueadas, otro logro del bipartidismo ahora ametrallado. Que los que vienen son peores, algunos, pero es que los que están/estaban€, también va por barrios. Rajoy dice que viene el lobo disfrazado de cordero pero bajo Soraya le da cobertura a los nuevos bárbaros para rematar a PSOE. Aznar ya ha denunciado esta terrible estrategia que nos va a dejar bajo los cascos de los nuevos dictadores del siglo veintiuno. Pero la derecha cobarde se refugia bajo los faldones del brasero, rehenes de la seguridad de ese único fuego doméstico que conoce, el hogar. Recuerdo aquella película, Las amargas lágrimas de Petra von Kant, de Fassbinder, –siempre Hanna Shygulla–, ¡cuánto vais a llorar! No se me quita de la cabeza Arthur Neville Chamberlain, primer ministro británico, famoso por su política de apaciguamiento con respecto a la Alemania nazi. ¡Cuántos Chamberlains tenemos!, ¡cuántos buenos! ¿Quiénes con los Chamberlain del hoy? Señálelos usted y cúbralos de ignominia. Les han abierto las puertas a los ejércitos del Gengis Kan. Pídales un revocatorio después. Los peligrosos de verdad son los porteros de la discoteca nacional. Los malos entran porque les dejan pasar. Aunque sea deliciosa la Ostería Francescana, ese restaurante italiano que le arrebata a los hermanos Roca su corona, nunca nos quitará este amargor. Y eso que para lujo, Ada Colau. Pagar estos hoteles en su Barcelona a Varoufakis€ solo es corrupto si lo paga alguien de derechas, lo otro es solidaridad.

Más me interesa la obra de Angus Deaton, Premio Nobel 2015, especialista en desigualdad, con el que coincido plenamente en que, por ejemplo, en España el crecimiento de ésta ha sido modesto en relación a otros países de la OCDE. Lo importante es si la desigualdad es positiva o negativa. ¿Quién quiere ser igual a un vago, al corrupto, al asesino€? Desde la revolución francesa los torpes han querido aplicar la igualdad a la vida cotidiana con el fracaso y los crímenes que ya conocemos. «No tiene sentido condenar la desigualdad -explica el Nobel- es como decir que el progreso es malo. La desigualdad se produce cuando un grupo humano avanza. Así que no solo es un indicador del éxito, sino un incentivo para alcanzarlo». Lo que pasa es que hay gente humillada que cree que la igualdad es la injusticia, y es ésta la condenable no aquélla. Pero€ en el mediodía del viernes uno se solaza con los buenos amigos, Eladio Burgos –ahora en Presidencia del Ayuntamiento de Torremolinos–, Juan Vallejo, presidente de ACET, Salvador Valbuena, y así hasta veintitantos, y el mar tan cerca, ahí abajo, en La Viborilla.
Lo que quiero es que mi alcalde, de Málaga, no dé por buena la ocupación de La Invisible, la ocupación de la propiedad, en este caso pública, no debe dar derecho alguno, nunca, no es el huevo, es el fuero, alcalde. España necesita que se respete la ley y menos buen rollito con los asaltacapillas, en el fondo mi alcalde no ha dejado nunca de ser socialdemócrata, aunque esté en las filas de PP. Lo verdaderamente importante es que en la extensa Junta Directiva nacional del PP no hay un plan para qué hacer si se vuelve a dar un batacazo Rajoy. En el peeseoé, sí. Susana Díaz, obligaría con sus iguales a que dimita en la noche electoral Pedro Sánchez, su tapado responde a la inicial R. En PP nadie se mueve. Javier Arenas estuvo perdiendo más de veinte años en Andalucía y como premio está en la dirección nacional del PP, aunque solo fuera por eso merecería la pena irse a las playas de Tarifa. Yo me quedo en casa y leo al Comendador Escriva, muy poco conocido hasta donde alcanzo, entre las jambas de los siglos XV y XVI, que dedicaba estos versos tan certeros a quien quisiera entenderlos:

Ven, muerte, tan escondida
que no te sienta conmigo,
porque el gozo de ir contigo
no me torne a dar la vida.
Ven, como rayo que hiere,
que hasta que ha herido
no se siente su ruido,
por mejor herir do quiere:
así sea tu venida;
si no, desde aquí me obligo
que el gozo que habré contigo
me dará de nuevo la vida.

cima@cimamalaga.com

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