El palique

Moderados de salón

Rajoy no para de apelar a los moderados. Eso en un país de exaltados que cada cierto tiempo se odia/divide en dos bandos

22.06.2016 | 00:16

Rajoy no para de pedir el voto de los moderados. Eso sí que es tener confianza en el paisanaje. Moderados. En un país con afición constrastada al cainismo, la guerra civil, los crímenes pasionales, el hooliganismo y la exaltación de los odios. Rajoy quiere ser el líder del Partido de los Moderados corriendo el riesgo de ser tomado por morigerado o mojigato, vulgo tibio o sangre de horchata. Juan Español es un moderado en el trabajo hasta que llega a casa, abre una cerveza, carga el móvil y se conecta a una red social para vociferar lo que no ha podido decirle al jefe esa mañana. El moderantismo versus asaltar los cielos. El radicalismo, ya sea en la moderación, lo cual no es paradoja, o ya sea en el izquierdismo es lo que se lleva en esta temporada electoral, donde Pedro Sánchez es tomado por no alineado, centrista, pueril, blandiblub e inconsistente. Ellos –los socialistas– apelan, ya es tarde siendo plausible el mensaje, a lo sentimental, a los ciento y pico años de historia. Exhibir como virtud la vejez en estos tiempos de culto a la juventud y cancha para los partidos emergentes.

-¿Cómo se ha levantado hoy señor, Rajoy?

-Pues un poco moderado. Tráigame un desayuno moderado y la prensa moderada, que en un rato voy a tomar una ducha moderadamente caliente y me reuniré con un ministro moderado, que está haciendo moderadamente su labor.

-Moderadamente a sus órdenes, señor presidente.

Todos moderados en tiempos de problemas radicalizados. La moderación es un viento que igual viene y se va, que diría la coplilla. Moderación, cuantos crímenes se cometen en tu nombre. Partido Moderado era uno de los que se disputaba el poder en tiempos de Isabel II, en el XIX. Eran monárquicos, centralistas, conniventes con espadones, librecambistas y amigos del clero. No tratamos de hacer una analogía, Dios nos libre, y sí de compartir con el lector algunas de nuestras provechosas lecturas históricas realizadas en estos tiempos de calor y conducentes a una mejor documentación de nuestros artículos, que quizás el lector tome o no por moderados, moderantistas, moderadetes o moderadillos.

«La moderación en los temperamentos es siempre una virtud, pero la moderación en los principios es siempre un vicio», apuntó Thomas Paine. Sin olvidarnos de aquello de Lautréamont: «La moderación de los grandes hombres sólo limita sus virtudes».

El problema de tanta moderación es que mucha gente va a quedarse el domingo moderadamente en casa con el aire acondicionado moderadamente alto, una bebida moderadamente cara y tal vez un moderadamente emocionante partido de la Eurocopa, sin descartar una visita al chiringuito. Tal vez para vociferar lo que no se tiene agallas luego de votar en las urnas.

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