Con otra cara

Viajar de gorra

25.06.2016 | 22:27

Algo de bueno tenía que tener que los hijos se hayan ido al extranjero a buscarse la vida después de tanto echarlos de menos y preocuparnos sobre si algún día podrán encontrar en España un trabajo que les permita volver o se van a establecer permanentemente por esos mundos de dios. Y no, no me refiero a que aprendan idiomas, conozcan nuevas culturas y adquieran experiencias. Todo esto está muy bien una temporadita pero yo, como madre clueca que soy, quiero darles la paliza sobre si se alimentan bien o mal, organizar reuniones familiares los domingos y malcriar a unos nietos que, preferiblemente, me llamen abuelita y no grandma. No. El beneficio del que hablo es absolutamente materialista: tenerlos fuera te permite irte de vacaciones con la mitad del gasto, que es como viajo yo ultimamente. Cuando la niña hizo un Erasmus en París aprovechamos toda la familia para ver la Torre Eiffel, pasear junto al Sena y visitar, por fin, Eurodisney. Tíos, padres, hermanos y amigos fuimos por turnos, y rentabilizamos el piso de la nena, un quinto sin ascensor pero con suelo suficiente para los sacos de dormir de las visitas. Este verano me voy unos días a Amsterdam, donde anda el mayor intentando sacarle algo de partido a los cinco años que dedicó a los estudios de arquitectura. No sé cómo acabará su aventura en los Países Bajos, pero de momento vamos a aprovechar todos para ir a verlo y de paso conocer los canales y el Barrio Rojo ahorrándonos el hotel, que es un dineral. Alguna vez se ha planteado intentar algo en Inglaterra donde tiene un amigo al que no le va mal.

El problema es que después del referéndum del jueves sólo tenemos dos años para aprovechar que aún son europeos y podemos entrar sin muchas pegas, así que hay que mandar al pequeño para allá a buscarse la vida antes de que nos paren en la frontera, que en mi familia somos bajitos y morenos y uno no sabe la deriva que pueden tomar los británicos en su cruzada contra los inmigrantes por mucho que nosotros sólo queramos mandar al niño para ir luego una semanita de visita a conocer el Parlamento de Londres y Notting Hill. También debo darme prisa en ir a Estados Unidos, donde anda la niña ahora. Lo he ido dejando porque los billetes de avión cuestan un pico, pero me temo que, como me descuide, me quedo sin cruzar el charco. Y es que como en las elecciones a la presidencia gane Donald Trump la traigo de vuelta a España aunque sea a pescozones, que ella también es hispana y, si los ingleses se han borrado de Europa para limitar la llegada de inmigrantes, a saber de qué es capaz el magnate norteamericano.

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