Impresiones

Hablemos de soldados

04.07.2016 | 05:00

La OTAN sigue siendo la piedra angular de la relación trasatlántica e instrumento necesario para la estabilidad y a la seguridad de la Unión Europea, de Canadá y de los Estados Unidos. Por eso es importante la cumbre que 28 jefes de Estado y de gobierno van a celebrar en Varsovia el próximo fin de semana.

Desde que desapareció la URSS, frente a la cual fue concebida en plena Guerra Fría como instrumento de disuasión militar, la OTAN trata de reinventarse y justificarse ante la nueva realidad geopolítica surgida tras la caída del Muro de Berlín. La estabilidad del continente europeo, ese herbívoro simpaticón y hedonista rodeado de lobos e incapaz de dar una dentellada, no puede considerarse hoy garantizada y eso es muy grave. Nos enfrentamos a amenazas que proceden tanto del este como del sur, y por si fuera poco tenemos dentro de casa el germen de la duda y de la disgregación, como muestran el resultado del reciente referéndum en el Reino Unido y el ascenso en muchos países de partidos antisistema, xenófobos y populistas que priman la insolidaridad, la renacionalización de políticas, el sálvense quien pueda y el no dar respuestas conjuntas a desafíos comunes, dibujando una tormenta perfecta que puede llevar a que Europa deje de ser fuente de estabilidad y se convierta en otro factor de riesgo en un mundo que anda sobrado de ellos. Por eso han sido bien recibidos en Europa los resultados de las elecciones en España, que algunos no exentos de voluntarismo interpretan como señal de un cambio de tendencia.
Las amenazas a nuestra seguridad son hoy probablemente mayores que en ningún otro momento desde la Guerra Fría: por un lado el nacionalismo revisionista ruso y por otro el radicalismo islamista de grupos terroristas como Al Qaeda y el Estado Islámico, con todas sus consecuencias. Son cosas que no se arreglan a base de buenismo. Frente a ellas la OTAN ofrece tanto disuasión como la seguridad colectiva que garantiza el artículo 5 de su tratado constitutivo, para el caso de que uno de sus miembros sea atacado de la forma que sea: agresión armada, cibernética, terrorista o mixta. Francia ha sido el primer país en invocar su aplicación tras los atentados de París.

Con respecto a Rusia, la OTAN propugna una estrategia basada en el diálogo desde una posición de fuerza (porque mostrar debilidad es lo más peligroso con Moscú), para hacerle entender que no puede desestabilizar a Ucrania y redibujar las fronteras europeas con hechos como la ilegal anexión de Crimea. Pero sin aislarla tampoco, porque Rusia se siente insegura y cercada y no hay que fomentar esta paranoia sino hacerle entender que no solucionará estos problemas ni resucitará a la URSS violando el Derecho Internacional. Y eso pasa por atender sus quejas legítimas y al mismo tiempo tranquilizar a los socios que sienten más directamente la amenaza rusa: Polonia, los países bálticos y los ribereños del Mar Negro y del Ártico (nueva zona caliente), llevándoles fuerzas y equipo militar con carácter rotatorio para no incumplir los compromisos de no establecer en ellos bases militares permanentes. Rusia no debe tener dudas de que una agresión a un socio desencadenaría una respuesta automática de los demás, porque eso nos evitará problemas más graves en el futuro.

En el flanco sur hay que desarrollar una estrategia flexible frente a amenazas como el terrorismo islamista, la expansión del Estado Islámico, las oleadas descontroladas de refugiados expulsados por la guerra, o el riesgo que supone la proliferación de armas nucleares o de estados fallidos en torno al Mediterráneo, cuyo ejemplo más próximo es Libia. Para ello debemos reforzar la cooperación defensiva con socios estratégicos como Marruecos, Israel, Túnez o Jordania; mejorar las capacidades marítimas de la organización; y tener a punto una fuerza militar de despliegue rápido para hacer frente a situaciones de emergencia. Y si antes se decía en el argot de la OTAN que «Out of area, out of business» (fuera de Europa no es mi problema), el nuevo eslogan es «In area or in trouble» (o te metes en la zona de donde vengan los problemas, por ejemplo el Estado Islámico, o los vas a tener en casa).

Con carácter más general, se discutirá cómo reforzar las capacidades otánicas de disuasión militar y de gestión de crisis, la necesidad de invertir más en ciberdefensa y de agilizar el proceso de toma de decisiones, cómo estar abiertos a la innovación... y se analizarán las consecuencias del Brexit, dada la importancia de las bases militares británicas en territorio escocés. En Varsovia se debería reconfirmar el compromiso británico (el mejor ejército del continente) con la seguridad europea y decidir el refuerzo de la relación entre la UE y la OTAN, para que nadie piense que ahora somos más débiles que antes.

Es inevitable que también se hable de la necesidad de dedicar más dinero a la defensa colectiva ahora que los norteamericanos no quieren seguir siendo el gendarme global (lo que les llevó a sacarnos las castañas del fuego en dos guerras mundiales) y exigen que cada uno asuma sus responsabilidades de defensa. Por eso en Varsovia se recordará a Alemania, España, Italia y otros que deben imitar el esfuerzo que ya hacen el Reino Unido, Francia, Polonia o Turquía y acercar su gasto de Defensa al 2% que la OTAN considera el mínimo necesario y que tan difícil resulta hacer en plena crisis económica.

*Jorge Dezcállar es embajador de España en EEUU

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