360 grados

La ceguera alemana y las fuerzas centrífugas en la UE

Los partidarios británicos de la permanencia del país en la UE recurrieron exclusivamente a argumentos económicos y no la justificaron "por amor a una idea europea, cualquiera que fuera"

05.07.2016 | 05:00

Ha contribuido una supuesta ceguera alemana a potenciar las fuerzas centrífugas en la Unión Europea, entre ellas el triunfo del brexit?
Es lo que piensa al menos Wolfgang Streek, director emérito del Instituto Max Planck de Investigaciones Sociológicas, de Colonia.

En un artículo muy crítico publicado en el semanario Die Zeit, el conocido sociólogo acusa al gobierno de Angela Merkel de haber humillado y hundido económicamente a Grecia ante los ojos del resto de los europeos.

Igual de poco edificante fue, según Streeck, el egoísmo manifestado por Berlín en el tema de los refugiados al abrirles de par en par las fronteras para «colmar el vacío demográfico» de la propia Alemania.

Algo agravado por la pretensión paralela de imponerles a sus socios, en ausencia de una ley de inmigración, «contingentes fijos» de acogida.
A lo que se sumó la «condena moral» de aquellos países no dispuestos a aceptar el trágala alemán por inconveniencia demográfica o de su mercado laboral.

Todos esos movimientos se siguieron con preocupación en el Reino Unido, país cuyo «instinto popular aconseja no formar parte de un club en el que tales cosas son posibles».

Los partidarios británicos de la permanencia del país en la UE recurrieron exclusivamente a argumentos económicos y no la justificaron «por amor a una idea europea, cualquiera que fuera».

No deja de ser significativo, según Streeck, que «a pesar de los perjuicios materiales que se les anunciaban», triunfase el brexit en un pueblo que, como todo los anglosajones, se guía siempre por las ventajas económicas.

Como señala con ironía el sociólogo, «a diferencia de los alemanes, los británicos no necesitan que se los quiera. Les basta con que haya que aprender su idioma».

Pesaron más «las emociones y los afectos», normalmente reprimidos allí, pero liberados de pronto por «la idolatría de la globalización entre las elites», para las que «el único valor moral y económico son las oscilaciones del mercado».

Streeck critica a quienes parecen haber «olvidado la diferencia entre internacionalismo solidario y financiero» y anatematizan como ´populistas´ a los que muchas veces «no disponen de otro idioma que el de la nación y los buenos viejos tiempos».

Por vez primera en un país de la UE, esos últimos son mayoría, y no debería sorprendernos que lo mismo suceda también en otros lugares, advierte el experto alemán.

Para Streeck, el fin de «la dimensión social» de la UE en los años noventa fue también su final como «escudo protector de sus pueblos frente a la reestructuración y reeducación neoliberales».

«Mientras tanto, como la Unión Europea ha caído en manos de los aceleradores neocapitalistas del progreso y de la industria exportadora germana» con ayuda de unas elites a las que sólo guían sus propias ambiciones sin que les importe lo que les ocurra a los demás.

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