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Fenomenología de Matías Prats

Leíste en una web que algunos grupos de fans ya hacen quedadas masivas en bares con pantalla gigante, llenan un chupito y sólo lo beben si finalmente Matías hace un chiste

07.07.2016 | 05:00

Empiezas a ver el informativo de Matías Prats y ya te sientes un poco nervioso. No sabes si hoy ocurrirá o no. Al principio te enterabas de los chistes por twitter o facebook, pero pronto comenzaste a sentir un gusanillo raro y te entraron ganas de verlo en directo. Entendiste que estaba empezando a ocurrir algo importante y no querías que te lo contaran. Leíste en una web que algunos grupos de fans ya hacen quedadas masivas en bares con pantalla gigante, llenan un chupito y sólo lo beben si finalmente Matías hace un chiste. A veces ocurre, a veces no. Ahí está la gracia. Todavía estamos al comienzo del informativo. Se está hablando de noticias serias. Rajoy, el Brexit, el ISIS. Sabes que en ese momento del espacio todavía no puede haber chiste. Claro, si hiciera un chiste todos los días la cosa perdería su puntillo. Y si no los hiciera casi nunca, también. Esa frecuencia tan inteligente también está ayudando a construir el mito. Se acercan las noticias finales. Sube la expectación. Aunque estás solo, tú también te has servido un chupito y la superficie del licor amplifica un levísimo temblor en los dedos. Los temas se vuelven banales. Noticias curiosas, imágenes divertidas. Tiene que ser ahora. Ahora o habrá que esperar hasta el próximo informativo. Tiene que ser en muy pocos segundos. Ya estás claramente ansioso. Sonríes nervioso. Nada en la voz de Matías Prats permite adivinar si habrá chiste o no. Nada en su expresión facial. Y de pronto llega esa pausa. No dura más de un segundo, pero esa pausa es más informativa que el resto del informativo. Una frase aparentemente seria se ha quedado interrumpida a medias y ya sabes que terminará en un chiste malo. Un chiste malo buenísimo. Sííííííí, va a ocurrir. Ese segundo da para mucho: para acercar el vaso de chupito hacia los labios, para dar por buena la media hora de espera, para aventurar mil posibles desenlaces a la frase empezada. Ocurrió, ocurrió una vez más. Matías lo ha vuelto a hacer y tú has estado allí viéndolo en directo. Un nuevo paso hacia el mito. Twitter arde, pero esta vez ya no eres tú el que lee los tuits. Ahora eres tú el que los cuelga.

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