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Naturaleza sin alfabeto (II)

Un día, quizás, tengamos que preguntar: ¿Cuál es el lecho de tu ausencia Naturaleza?, que buscamos y buscamos en todas las playas donde arribamos, entre manos huérfanas

07.07.2016 | 05:00

La luz está en ámbar. El planeta nos va desterrar. De la misma manera que lo hicieron los na´vi, en la película Avatar, por destruir el Árbol Casa. Nuestro Árbol Madre, la biodiversidad. El alfabeto de la Naturaleza. En él los seres humanos sólo somos una letra. Y si el alfabeto se corrompe, el planeta enfermará. Como en el anterior artículo de la serie, en este, el relato está construido con versos prosificados. Trata de bucear en la relación con la Naturaleza desde la belleza y la emoción.

Un día, quizás, tengamos que preguntar: ¿Cuál es el lecho de tu ausencia Naturaleza?, que buscamos y buscamos en todas las playas donde arribamos, entre manos huérfanas. Entonces contestará Ella: tras haberme venerado como fuente para el enriquecimiento sin límites ni ética, nada en su lugar se halla ya, los trazos originales se han interrumpido, han convulsionado. Mi ausencia será el exilio por el que vuestra vida fluya. Aparecerá sin morir, ni reclamar su rescate. Yo me refugiaré entre el agua de la lluvia y el suelo mojado. Esa dimensión apátrida que el agua en su éxodo olvida.

No soy profeta, ni dios. Sólo madre, amiga. Pero si continuáis con los excesos para reajustar la naturaleza a las leyes económicas, su alfabeto quedará incompleto, su gramática rota, su sintaxis descompuesta. Vaciada quedaré de la liturgia que os trae la inocencia. Enmudeceré. Y vosotros estaréis en orfandad desgajada. Comenzará entonces la época del asco, de la náusea. Las estrellas se abatirán desde el cielo; los peces zozobrarán en las calles; habrá urbes que vomitarán sin saber porqué. En ese tiempo ya sólo se oirán los gemidos de la esposa; el silencio compungido de la madre; la muerte. Tiempo de sinrazones, que habrá de ser conciencia. Para recuperar la lealtad. La compasión. La espiritualidad. En el puente bajo el que se despeña el río pensaréis, entonces, en los días de reglas negras, de silencios, de ojos ciegos, de años muertos sucedidos. Y preguntaréis como terminar con el suicidio de los manzanos.

Conexión conmigo, reverencia a lo sagrado. Mis mandamientos. La unión con las fuerzas de la naturaleza os traerá la comprensión de mi equilibrio y la reverencia por la vida. La unión con los animales con los que compartís la Tierra, os devolverá la comunión con ellos. Os permitirá ver a través de los ojos del lince, sentir la tierra bajo los pies como el caballo en su trote o la majestuosidad de planear en el viento como el halcón. Así vuestra sangre ya no estará endeudada. La piedra rota. Ni el agua salpicada.

Debéis interrogaros sobre quién sois. Sobre la vida que estáis viviendo. Quizás Prometeo tenga que volver a robar el fuego a los dioses para que despierte otra vez vuestra consciencia de la totalidad. Ese día sabréis que la Naturaleza es límite y horizonte. Entonces me diréis: «te veo». Y sabréis que sois «semilla». Que sois ciudadanos de la Tierra y la habitáis junto con las margaritas y las mariposas. Que vuestros derechos y obligaciones son planetarios. Bajo las gotas de agua del río, entonces, habrá gris piedra, tras las piedras estará el lecho del río, y en el lecho del río nada extraño. Sólo el enjambre de gotas de agua. ¡Habréis encontrado a los dioses!

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