Málaga de un vistazo

Y pasó San Fermín...

08.07.2016 | 05:00

Sí, amigos, parece que fue ayer cuando nos comimos las deliciosas figuritas de mazapán y ya corremos –corren– en Pamplona tras los morlacos que se han enviciado en perseguir a los abueletes pasados de copas. Y os preguntaréis: «¿Qué hace una anciana madrugando para ver esas barbaridades?». Les contesto: todo lo que solemos hacer tiene un motivo y ver año tras año las carreras de los toros y los mozos pamplonicas detrás también lo tiene: Desde hace muchos años le dedico esos minutos que empleo en ver esa barbaridad, con perdón, a mi suegro. Murió hace muchos años, pero no se me olvidan los momentos tan divertidos que pasábamos juntos estos días, cuando veíamos en el televisor –en blanco y negro– cómo el toro de turno lanzaba por los aires a los intrépidos corredores que se divertían fastidiando a los muy cabreados toros. Pensarán que es una tontería, pues están en su derecho, y yo también lo estoy, todos merecemos un momento de espiritualidad y estos días los he elegido como míos. No me meto con nadie, no implico a nadie y disfruto un montón, no con la carrerita, sí con el hecho de recordar a quienes no volverán a verla. Continúo, otro año más, viendo lo que ellos no han podido contemplar con sus propios ojos. Ojalá lo pueda volver a hacer el próximo año, y, si no, alguien lo hará por mí con la misma buena voluntad con la que yo lo hago. La verdad, amigos lectores, no transcurre un día sin que algún desgraciado-a nos dé un disgusto. Acabo de leer que la Seguridad Social tiene más trampas que la abaniquera de Sevilla ¡ Qué disgusto, oiga! Y yo, con estos pelos. Hasta más ver, buena gente.

Sí, no lo puedo remediar, cuando estoy más descuidada, llega Mister sonrisa amplia o Don C. Montoro y me baja del pódium de las alegrías. ¡Qué hombre!

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