Tribuna

Gloria Lomana no es Amanpour

13.07.2016 | 05:00

Gloria Fernández-Lomana García, exdirectora de informativos de Antena 3, tras haber sido literalmente «arrojada a las tinieblas», según proclama el titular de un artículo poco laudatorio con la periodista madrileña, no es Christiane Amanpour, la estrella de la CNN. Madrid tampoco es Washington, donde los periodistas de cierto nivel aún disfrutan de gran prestigio y predicamento.

Si Lomana, de 57 años, fuera su colega de CNN, de 58, nadie a estas alturas especularía sobre las circunstancias de su vida personal –está casada con el exministro de Aznar Josep Piqué– y su filiación política, para explicar o justificar la destitución que llega tras trece años en primera línea de fuego, batiéndose en un campo donde las mujeres aún tienen, muchas veces, que hacer el triple salto mortal para demostrar que el nombre de la etiqueta del vestido que llevan es irrelevante frente a la brillante pregunta que acaban de hacer al personaje que tienen en frente.

Como era de esperar, la salida de Lomana de Atresmedia, cuyo principal accionista, al igual de La Sexta, es el Grupo Planeta que preside José Crehueras, llega rodeada de un halo de especulaciones vinculadas a la vida privada de la directiva y al presunto trato de favor a los políticos del PP en las entrevistas.

Amanpour, fulgurante estrella del periodismo internacional televisivo, se vio obligada en 2010 a mudarse de CNN donde era una auténtica reina, a ABC News. Se criticó su profesionalidad, su neutralidad en la guerra de la exYugoslavia, un presunto pro islamismo a la hora de tratar ciertos asuntos (nació en Teherán de padre iraní y madre británica), pero jamás nadie osó sacar a relucir su filiación política ni sus circunstancias conyugales donde, y aquí está el asunto, también existe paralelismo con la española. Y es que Amanpour está casada con James Rubin, que fue subsecretario de Estado y portavoz del departamento con Bill Clinton, y posteriormente asesor de Hillary y de Obama en materia exterior.

A Amanpour siempre se le alaba su forma incisiva de acometer los temas; sus excelente relaciones en el mundo internacional, sonada fue aquella entrevista telefónica en la que Arafat le colgó el teléfono. Ha llegado a participar en series y programas de televisión. El campanazo lo dio en 2102 cuando dejó ABC News para regresar a CNN por la puerta grande (más que grande XXL). Nadie mencionó a Rubin ni a Obama.

Parece improbable que Lomana siga el mismo camino. Dice que ahora estudiará proyectos que rechazó cuando se dedicaba en cuerpo y alma a su trabajo. Seguro que aún tiene cuerda para rato. Carácter no le falta. «Soy encantadora con quien es encantador conmigo y con quien no lo es soy una cabrona». Esa frase que se la atribuye es toda una declaración de intenciones.

La periodista fue la principal responsable de la exclusiva sobre la financiación presuntamente irregular de Podemos, emitida en Antena 3. Ese fue otro de los factores que pesaron en el relevo, que también se achaca a las bajas audiencias y la pérdida de influencia de los informativos de Antena 3, en claro contraste con los de La Sexta, del mismo grupo y de tendencia de izquierdas.

Ahora Lomana se lleva a casa –un espléndido ático con piscina privada en una inmejorable zona del centro de Madrid– esas «36 horas diarias» que declara haber trabajado, los días que no ha podido estar con sus hijos y el esfuerzo realizado para estar a la altura de lo que sus colegas –casi todos hombres– esperaban de ella. Confiesa que desea seguir viviendo del periodismo, la profesión que lleva «en los genes». El siguiente capítulo aún no está escrito.

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