Cien líneas

Redes como armas para canallas impunes

La justicia debe castigar las cobardes ofensas en internet contra el diestro Víctor Barrio y su familia

14.07.2016 | 05:00

Con un cuerpo ensangrentado sobre la arena no hay debate posible: solo horror, piedad y llanto. Se necesita ser muy canalla, pero que muy canalla, para no conmoverse ante las imágenes de la cogida que todos vimos el pasado sábado en el coso de Teruel y cómo la cuadrilla se llevaba en volandas al diestro Víctor Barrio con apenas un hilo de vida... y minutos después ya nada de nada.

Hay que ser miserable al cuadrado para festejar por la galaxia internet la muerte del torero segoviano y un cobarde al cubo porque la impunidad reina y lo saben. Conspicuos podemitas, sin ir más lejos, han hecho chistes en su día en la red sobre el número de judíos que caben en el cenicero de un coche o a propósito de la necesidad de cerrar el cementerio de Alcàsser para que Irene Villa, víctima del terrorismo etarra, no acuda a por repuestos. Y tan tranquilos.

La justicia no está a la altura de las circunstancias así que la peor gentuza se va de rositas. Y lo que ya es aún más grave, la sociedad mira todo como un espectáculo, sea una corrida, un partido de fútbol, un debate político, una cogida mortal o un tuit como mil estocadas sobre un cadáver aún caliente.

Las redes sociales son casi infalibles a la hora de localizar a los protodelincuentes. Esa es una de sus maravillosas ventajas y potencialidades aunque la tecnofobia y el pánico al progreso las pintan de forma cotidiana y abrumadora desde el pensamiento políticamente correcto que todo lo puede– como una fuente inagotable de problemas, incluyendo la supuesta dependencia que induce en los jóvenes como si fuese una droga temible. ¿Imaginan a alguien denunciando o quejándose porque un chaval pasa seis horas al día entusiasmado leyendo libros de matemáticas, historia o similares?

Pues eso. Múltiple responsabilidad para las autoridades. No basta con hacer comunicados en caliente, asegurando que se va a perseguir a los que ofenden con saña y después pura inacción y hasta la siguiente: aquí paz, allá gloria.

No por obvio sobra decir que las redes ponen al descubierto lo que ya existía. El mal en el mundo viene de Caín así que nada nuevo bajo el sol. La originalidad que nace, crece y se desarrolla a costa y cuenta de internet es que el crimen se puede atajar con más eficacia.

A estas alturas ya debería estar localizada esa banda dispersa que atacó indecentemente al torero y su familia aunque solo sea porque muchos han firmada los tuits ofensivos.

El mundo del toro, incluidos los antitaurinos, da para mil debates pero con un hombre muerto tras una cornada de espanto, silencio respetuoso, oraciones piadosas, lágrimas sentidas y vuelta al ruedo con el féretro, para el caso la plaza mayor del pueblo, como hicieron los ejemplares vecinos de Sepúlveda.

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