Tierra de nadie

Berlanga vive

15.07.2016 | 05:00

Obama tiene un cuerpo y el día tiene 24 horas. Poco cuerpo y pocas horas para todo lo que hay que hacer. De ahí que el hombre reparta una cosa y otra con la mezquindad inevitable con la que las he repartido en su reciente viaje a España. No es mezquindad, es agenda. La agenda es como un hígado que suelta un poco de bilis aquí, otro poco allá, además de sintetizar proteínas o enzimas.

–Americanos, os recibimos con alegría.

Veintiuna horas estuvo en España el mandatario estadounidense. Para protegerlo, habían traído de su país La Bestia, que es un automóvil sin sentimientos, del que no se pueden subir ni bajar las ventanillas traseras (como en algunos de nuestros taxis) y en el que Obama se desplaza como en un ataúd de acero cuyas paredes miden, más o menos, veinte centímetros (para ser presidente de los Estados Unidos no puedes tener claustrofobia). Junto a La Bestia desembarcaron unos cuantos cientos de automóviles más y miles de secretarios y guardaespaldas que forman el séquito del político más importante del universo mundo.

–Americanos, os recibimos con alegría.

Barack Obama desembarcó en Torrejón de Ardoz dispuesto a distribuir su tiempo y su cuerpo con la generosidad de aquel al que le estorba la calderilla en el bolsillo de la chaqueta. Le dio una hora a Felipe VI, otra a Rajoy y arrojó al suelo diez minutos para que se los disputaran entre Rivera, Sánchez e Iglesias. Lo más gracioso es que, según las crónicas, estos tres líderes intercambiaron con él opiniones sobre asuntos importantes. Así, Pedro Sánchez habló con Obama de baloncesto y del Brexit. Albert Rivera le puso al tanto de la situación política española y de la importancia de su partido en el contexto actual. Pablo Iglesias conversó acerca de la política de los Estados Unidos y le regaló un libro con una dedicatoria que llevaba ya escrita, porque de haberla escrito durante el encuentro realmente no habrían tenido tiempo de charlar.

–Americanos, os recibimos con alegría.

Barack Obama no fue a Sevilla, donde habían limpiado las calles para él. Pero los sevillanos dicen que otra vez será. Si Luis García Berlanga levantara la cabeza?

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