Tribuna

Unas redundantes y otras disolventes

18.07.2016 | 05:00

La inesperada irrupción de las nuevas formaciones políticas –que han desequilibrado el para muchos deseable juego del bipartidismo–, más que a enriquecer el panorama ha venido a complicarlo con ofertas emergentes que parecen en principio redundantes y en algún caso disolventes. Por eso, creo yo, tratan de revestirse en algún caso de cierta ambivalencia con el fin de dotarse de una identidad diferente o por lo menos adaptable, incluso a costa de rentabilizar los descontentos de un partido tradicional. El ejemplo más patente sería el de Ciudadanos, oferta de marcado personalismo en Albert Rivera –surgida para aprovechar esa disidencia de la derecha– que la última elección ha contribuido a poner en su sitio. Tal vez porque sus veleidades a diestro y siniestro (recordemos su apoyo firmado a los socialistas Susana y Sánchez) han resultado en principio desconcertantes. ¿Es o no un partido de derecha? ¿Está dispuesto por lo menos a no entorpecer la formación de un Gobierno popular después de renunciar a su insólita exigencia de las cabezas de Rajoy y dos ministros?... De otro lado, la aparición del fenómeno convencionalmente entendido como antisistema, con su conglomerado de Somos, Ganemos, Estamos, Podemos y otros verbos en indicativo o imperativo, ha constituido la gran novedad con su éxito inicial. Por sus antecedentes y relaciones (hay quienes les atribuyen connotaciones secretas), fue patente desde el primer momento su carácter extremista, muy del agrado de jóvenes rebeldes, dispuestos a invadir el edén tradicional con renovados modos iconoclastas no sin cierto matiz anarquizante. Las nuevas votaciones ya no le fueron tan favorables por su ideología de amplio espectro, la fagocitación de IU, los fracasos del pobre Jemad, el anticipado reparto de ministerios y los pueriles planteamientos de terreno conquistado se vinieron abajo pese a su oceánica verbosidad y al nuevo disfraz socialdemócrata. Con eslóganes al viejísimo estilo joseantoniano: somos sexys y solventes, venceremos, romperemos los candados del 78, la sonrisa cambia de bando, el cielo se toma por asalto... A un paso, pues, de luceros, rosas, flechas y ángeles con espadas. Queda, pues, un socialismo en la encrucijada con Sánchez de tapón y sus escuderos arropando el empecinamiento que un conjunto asambleario no se atreve a romper. Sin darse cuenta, me parece, de que la solución del problema no está en jugar a la contra de una parte del electorado, ni en un enfrentamiento de intereses, ni en un cóctel de partidillos sobrevenidos, sino en la lealtad institucional del binomio PPPSOE, como siempre. Si persistiera la negativa actitud de Sánchez y hubiera terceras elecciones, creo yo que el PP obtendría la mayoría absoluta, la izquierda se estancaría y Ciudadanos, de no conseguir al menos una cartera o la vicepresidencia, se tendría que retirar a la vida autonómica en Cataluña. Todo tiene un precio y la altanería se paga. Dicho sea todo esto a resultas de los contactos de ayer mismo y en días sucesivos. Al fin y al cabo, por lo menos en teoría, los partidos políticos deben respeto a todos los ciudadanos. Y su razón de ser, gobierne quien gobierne, es la de contribuir a la buena marcha de los asuntos públicos en beneficio de todos. Lo que se ventila es algo más que un simple juego de ambiciones.

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