La chapa del sábado

El sueño olímpico

La diferencia horaria con Río nos va a hacer trasnochar y sacrificar la siesta a más de uno, incluso a Rajoy

06.08.2016 | 05:30

¿Vieron ayer la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Río? Yo tampoco, no les voy a engañar. Ahorro fuerzas y horas de sueño para las dos semanas que se nos vienen encima para los majarones del deporte que sólo nos interesamos por el remo cada cuatro años o vibramos con un partido de balonmano si juegan «Las Guerreras» en busca de una medalla que colgarse al cuello. Unos Juegos Olímpicos siempre son una oportunidad magnífica para quedar de erudito, para deslumbrar a compañeros de trabajo y amigos con fascinantes datos de la densidad demográfica de las islas Fiji (¿sabían ustedes que apenas viven 800.000 personas en todo el archipiélago?) o la riqueza de la gastronomía de San Cristóbal y Nieves. La diferencia horaria con la ciudad brasileña, de cinco horas, nos va a pillar con el pie cambiado de tal forma que echarse una siesta coincidirá con el turno de mañana del siempre interesante tiro al plato o el descenso en aguas bravas y la jornada de noche, donde se programa «to lo gordo», los partidos más interesantes, de madrugada. Esto es un problema. Puede que nos toque acompañar a Borja Vivas intentando lanzar el ñosco (gracias Cristina, por una aportación gramatical que me ha alegrado la vida) más allá de los 21 metros sobre las dos de la madrugada de un miércoles. O lanzarnos al agua con Duane y Carlos aún más tarde, aunque con las nochecitas de terral que llevamos, tampoco vendrá mal. Pero nada importará, ni los desvelos ni las ojeras, ni las broncas entre parejas, y es que más de uno verá el bádminton en la cama y gritar «¡Vamos Carolina!» de madrugada y con la parienta intentando dormir al lado puede generar más de un conflicto de puertas para adentro. No se engañen los que pasan del deporte. Los Juegos no son cualquier cosa, y en este «verano atípico» que estamos viviendo, seguro que el propio Felipe VI se busca un vuelo baratito para ver si, esta vez sí, a la tercera va la vencida y la ÑBA le gana a los Estados Unidos en la final de baloncesto. El propio Mariano Rajoy ya se ha bajado la aplicación oficial de Río 2016 para no perderse, hoy por ejemplo, el ciclismo en ruta que, siguiendo la tradición, es a la hora de la siesta. Y las reuniones con Pedro Sánchez, el lunes por la mañana, que sólo ponen repeticiones. Agárrense a la cafetera que esto ya ha empezado. Que vivan los juegos.

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