Impresiones

Llega Hillary (ojalá)

08.08.2016 | 05:00

Ha terminado la convención del partido Demócrata con la nominación de Hillary Clinton como candidata a la presidencia de los Estados Unidos. Es una buena noticia.

Después de un negro, parece por fin haber llegado el turno de que una mujer sea presidente y la noticia es doblemente buena: por lo que en sí representa de ruptura de fronteras y porque nunca nadie ha llegado con mejor preparación que la que tiene Clinton. Por personalidad, fuerza, tenacidad, formación, experiencia, carácter, ambición... Una mujer que lleva a sus espaldas cuatro décadas de servicio público durante las que ha sido primera dama, senadora, secretaria de Estado y candidata de su partido a la nominación presidencial en 2008. Una mujer que no se limitó a ser la esposa del presidente Bill Clinton sino que trató, ya entonces, de hacer una importante reforma sanitaria (aunque no tuviera éxito) y que las ha visto de todos los colores tanto en su vida pública como en la privada, sin perder la dignidad o la compostura en ningún momento. Y una mujer no lo tiene fácil en los Estados Unidos donde no llegan al 20% del Congreso y solo hay seis gobernadoras en un total de cincuenta Estados. Hillary es una mujer determinada, con un objetivo claro en su vida y ha sabido perseguirlo sin desmayo hasta hoy.

He conocido y tratado a Hillary Clinton cuando ella era secretaria de Estado y yo embajador en los Estados Unidos y he visto de cerca su habilidad al lidiar con los problemas internacionales y el respeto y el afecto que se ganó durante esos años entre el personal del Departamento de Estado, que la despidió con una larga ovación. Y creo que el principal problema que enfrenta ahora es ser juzgada por sus méritos y defectos y no por el hecho de ser mujer, aunque reconozco que este dato probablemente también le dará muchos votos. Pero lo que importa en un dirigente no es su sexo sino su capacidad de liderazgo y ya hay quién cuestiona la de una mujer para ser comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo, envuelto en varios conflictos y que puede tener que enfrentar otros durante su mandato. Respondería a esas críticas argumentando que Clinton ha servido durante ocho años en la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado y ha estado involucrada como secretaria de Estado en crisis tan diversas como Siria, Iraq, Afganistán, Irán y Libia, o en la misma operación que acabó con la vida de Bin Laden en Abbottabad en 2011. Si peca por algo es justamente por lo contrario pues Clinton es una persona que, como dice Micah Zenko, se siente «cómoda con los militares» y que tiene «una larga historia de ser generalmente favorable a iniciar intervenciones militares y a expandirlas». Ella misma dijo en 2008 que «yo creo en la diplomacia coercitiva». Por eso apoyó la intervención de Bush en Iraq aunque luego matizó que lo hizo «sobre la base de los datos y seguridades que tenía en aquel momento», para acabar finalmente reconociendo que «fue un error». También apoyó el aumento de tropas para Afganistán en 2009, y la intervención en Libia en 2011 que acabó con Gaddafi y que le ha llevado a Obama a reconocer que «el peor error» de su presidencia ha sido no haber dado atención al escenario post conflicto en ese país. Y aunque Hillary Clinton se dice contraria a las operaciones con drones en Afganistán, de hecho el Departamento de Estado solo se opuso a un par de ellas (entre unas 300) durante su mandato. Cuento esto porque Clinton puede equivocarse, como cualquiera, pero no es una mujer a la que le tiemble el pulso cuando hay que tomar decisiones y que, si algo, es más halcón que paloma. Con sus ventajas e inconvenientes.

Porque Clinton tiene también muchos detractores que la ven demasiado pegada a los intereses del establishment como para ser capaz de llevar a Washington el cambio que muchos consideran necesario. Y citan como prueba el apoyo que recibió del liderazgo del partido en perjuicio de Sanders, como han revelado correos electrónicos publicados por hackers ¿rusos? O que creen que es demasiado dependiente de Wall Street y de los intereses del gran capital como para confiar en ella. También se le acusa de no tener convicciones y de atender en todo momento al cambiante humor de la opinión pública, como cuando el matrimonio Clinton hizo una encuesta antes de ponerle nombre a su perro. Más grave es el abandono de su apoyo al Tratado Comercial Transpacífico tras recibir fuertes críticas tanto desde el lado de Trump como del de Bernie Sanders y darse cuenta de que su postura le quitaba votos. También se ha cuestionado su «negligencia» al usar un servidor privado para sus comunicaciones oficiales (aunque el FBI haya concluido que no comprometió la seguridad nacional) o su gestión de la muerte en Bengazi del embajador norteamericano... No son críticas menores y además Trump hace una campaña muy sucia en su contra, lo que quizás explica que Clinton no logre distanciarse suficientemente de él en las encuestas, aunque no haya comparación posible entre ellos. En mi opinión Trump convertiría el mundo en un lugar mucho menos seguro y bastante más zafio.

Aún queda mucha campaña y al final confío en que ganará Hillary aunque sin el entusiasmo que rodeó la llegada de Obama a la presidencia... Y ella continuará su legado. Ojalá.

*Jorge Dezcállar es diplomático

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