Cien líneas

Bueno y Ochoa: dos materialistas muy distintos

12.08.2016 | 05:00

El filósofo asturiano Gustavo Bueno siempre fue implacable con los reduccionismos. Implacable también con los que así razonan, aunque mejor sería hablar de sinrazón. Un grupo humano extensísimo y con figuras muy destacadas como el Nobel de Medicina Severo Ochoa, que siempre reducía todo a la química. Y es que, como señaló en su momento Bueno, «la bandera del materialismo la han tomado los químicos y los físicos, y claro la crítica contra ellos es terrible, es muy difícil».

En una ocasión, allá por 1992, como ha relatado mil veces el filósofo, se topó en una conferencia con el bioquímico. «Nos saludamos y me dijo: ´todo es química´. Yo le dije lo siguiente: ´todo es química, entonces vamos a ver, don Severo, un libro de química ¿también es química? ´Hombre, evidente. Es química todo´. Y vamos a ver: ´las letras de un libro de química, ¿cómo se unen entre sí: por enlaces covalentes o por enlaces simples? Y me miró como pensando ´este tío es tonto´. Y yo pensé lo mismo ´este tío es tonto´. Lo que le decía es que si todo es química se quiere decir que todo se explica por las leyes de la química, entonces explícame por las leyes de la covalencia por qué las letras están juntas allí».

Evidentemente Ochoa no era tonto pero estaba abducido por el morbo reduccionista y no era capaz de comprender que la afirmación según la cual todo es química no pasa de disparate. Una aseveración propia de un materialismo tan grosero que ni los más obtusos seguidores del marxismo vulgar se atreverían a rubricar.

Bueno indicaba con frecuencia que científicos, y en general beneméritos ciudadanos dedicados a elevadas disciplinas, pueden ser extremadamente agudos y competentes en sus campos de trabajo e investigación habituales y al mismo tiempo torpes y cerrados si se trata de razonar en otros terrenos, especialmente en el espacio de la filosofía.

El filósofo carbayón remataba la anécdota, que le llevó a un breve ejercicio de esgrima dialéctica con el bioquímico valdesano, indicando que le recordaba a «Winiarsky, un economista polaco de principios de siglo XX, que era materialista, aplicaba las leyes de Newton al crecimiento de las ciudades y entonces decía que una ciudad era como el sol y atraía inversamente al cuadrado de la distancia a otras ciudades por la gravitación, una cosa completamente fantástica. Pues en la química lo mismo, lo que se tiene que explicar es de dónde salen unas leyes, si no salen de la química ¿de dónde salen? Para esos interrogantes está la teoría del cierre categorial y la distinción entre lo que es o lo que no es la materia».

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