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Snapchat asusta a Zuckerberg

14.08.2016 | 05:00

Snapchat, la red social con más seguidores entre los jóvenes de la generación "millennial", empieza a convertirse en una pesadilla para Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, la red social más grande del mundo, de Whatsapp y también de Instagram. Y para frenar el ímpetu con que la aplicación del fantasmita se está implantando entre los más jóvenes, ha decidido atacar donde más les duele. Una de los principales atractivos de Snapchat es su carácter efímero (los contenidos desaparecen a las 24 horas), así que Instagram ha decidido copiarla directamente y acaba de lanzar Instagram Stories, donde las fotos desaparecen también al cabo de 24 horas y no quedan registradas en el historial.

El 90% de los usuarios de Snapchat tienen entre 13 y 34 años. Y en esa franja de edad el 70% de los usuarios la prefiere a redes como Facebook e Instagram. Es más, hay estudios que aseguran que el 45% de los usuarios menores de 24 años se aburre en Facebook. En dos años, según datos de Global Web Index, Facebook ha pasado de tener un 80% de usuarios jóvenes a tener un 68%.

Con estos datos, Zuckerberg empieza a ver nubarrones en su imperio sobre las redes sociales del planeta. De hecho, según publicó Forbes, trató de comprar la empresa del fantasmita por 3.000 millones de dólares, pero Snapchat rechazó la oferta. Hay estimaciones que sitúan el valor de mercado de la compañía creada en 2011 por Evan Spiegel en 20.000 millones de dólares.

Snapchat tiene 111 millones de usuarios activos al mes y 310 millones inscritos. Por esa red se comparten 700 millones de fotos al día. Se estima que el 70% de los estudiantes de Estados Unidos utiliza Snapchat a diario. Con estas cifras, parece normal que Zuckerberg haya empezado a preocuparse y haya lanzado una ofensiva a través de Instagram. ¿Es tan importante que las fotos, como en Snapchat, desaparezcan a las 24 horas o que el usuario sólo pueda ver dos veces los contenidos? Pues precisamente es una de las claves de la extraordinaria popularidad de esta aplicación. Como las fotos no quedan en el historial para siempre, los usuarios actúan con más espontaneidad. No sienten la presión de conseguir una imagen perfecta. Pueden ser más "humanos". Incluso pueden subir "puñales", que es como algunos adolescentes denominan a las fotografías en las que no han conseguido la postura y el gesto estu- diado para parecerse a esos "instagramers" convertidos en modelos de sí mismos, siempre a la búsqueda de un filtro que los inmortalice sin mácula. El carácter efímero de los contenidos además funciona como un incentivo del usuario, que es más activo y prolífico que el de otras redes sociales, al objeto de abastecer continuamente su perfil. Cada día se visualizan más de 10 millones de vídeos y, por usuario, se envían una media de veinte mensajes.

La fugacidad de los contenidos es una de las claves para que los más jóvenes se estén alistando cada día más a Snapchat. Pero la otra es que es una red en la que no hay padres, como en Facebook, que puedan estar olisqueando qué hacen sus hijos en ella. El diseño de la propia aplicación hace, además, que las personas mayores se "pierdan" en ella, lo que las ahuyenta y, a la vez, la reafirma como espacio reservado a los más jóvenes. Ninguna red tiene tanta aceptación en ese segmento. Por ejemplo, ya ha adelantado a Twitter en usuarios activos cada día.
Habrá que ver qué resultados le da esta ofensiva al imperio digital de Zuckerberg. Pero si fracasa, no sería la primera vez. Ya intentó captar el mercado de las historias que caducan con Facebook Poke. También probó con otra aplicación llamada Slingshot, calcada de Snapchat. Fracasó totalmente. Ahora es un fantasma.
Se autodestruyó.

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