Tribuna

Valores de mujer

16.08.2016 | 05:00

Gretchen Carlson (cincuenta años), presentadora de la Fox News, demandó por acoso sexual al presidente de la compañía, Roger Ailes (76 años), y exigió „tras ser despedida„ una compensación económica por la «angustia mental» que le originó la intimidación «de un hombre poderoso».  La salacidad se ha vuelto a llevar por delante (cf. Strauss-Kahn) a un coloso, en esta ocasión del planeta mediático, pues Fox News, perteneciente al conglomerado Murdoch, es líder de la televisión por cable norteamericana.

A raíz de la polvareda que se levantó, la Fox le encargó al despacho de abogados neoyorkino Paul, Weiss, Rifkind, Wharton & Garrison una investigación interna, que contribuyó a activar la facundia de cuantos habrían sufrido acoso, en silencio por miedo a las represalias. Cabe anotar que algunos colegas de Carlson tomaron partido por Ailes, preguntando por qué la «agredida» no denunció el acoso hasta que no fue despedida.

Ante el riesgo para la reputación del grupo, Murdoch abandonó su retiro de verano en la Riviera francesa, se plantó en Nueva York, cesó a su lugarteniente y se puso al frente de la cadena. La salida del «rey de la Fox» se habría saldado cuarenta millones de euros mediante, cifra no excesiva si se considera que la división dirigida por Ailes viene contribuyendo desde hace veinte años a un tercio del cash flow del grupo.

El éxito empresarial de la cadena ha estado siempre acompañado por la controversia, incómoda, pero lucrativa para la matriz. El presidente matrero, que echó los dientes en el entorno de Nixon, ha mostrado una lealtad a prueba de bomba al partido conservador, y eso le ha valido ásperas críticas de los detractores de la propaganda republicana, cuajada según ellos de «desinformación, insinuaciones, medias verdades y mentiras absolutas».

Mientras una flota de abogados pelea los dineros de las indemnizaciones, el episodio deja a Trump sin la inestimable ayuda de Ailes en la segunda parte de la campaña presidencial. Este suceso evoca la difícil y misteriosa relación entre Alfred Hitchcock y Tippi Hedren. El viejo director, que buscaba una rubia capaz de tomar el relevo de Grace Kelly, para protagonizar Los pájaros, descubrió a Hedren y la convirtió en su obsesión.

Durante el rodaje, ella se negó a ceder ante el acecho del profesor: «Logró arruinar mi carrera pero no me arruinó a mí. En estos veinte años no he contado a nadie lo que ocurrió, porque estaba desconcertada. Si hubiese sido hoy, sería rica, porque le habría presentado una demanda por acoso sexual».

Sheryl Sandberg publicó en 2013 Leaning it (2,75 millones de copias), un libro sobre el liderazgo de las mujeres, y está escribiendo, junto a Adam Grant (profesor de Wharton), Opción B, que aborda cómo afrontar la adversidad, curar el dolor y encontrar el sentido de la vida, guerreando con las circunstancias. El discurso que pronunció este verano la actual directora operativa de Facebook en la Universidad de Berkeley, ante los jóvenes graduados y sus familias, me inspiró Elegía a la resistencia, artículo que publiqué en El Norte de Castilla.

En tiempos duros, como son éstos, a la hora de confrontar la infelicidad, se evita el horror de la discusión y se opta por sufrir solo, ya se trate de la muerte de un ser próximo, del abandono de un hijo o de la pérdida del puesto de trabajo. La bandera que despliega Sandberg, tabú hasta ahora, pretende dar voz a millones de personas que sufren en silencio.

Ella perdió a su marido en México, durante la celebración del aniversario de unos amigos. El infarto y lo que vino a continuación pasó a ser el hilo conductor de un discurso muy personal, en el que compartió con la audiencia temores, sentimientos y remedios. Tuvo el cuajo de confesar en público el dolor y la desgracia, que normalmente inducen al silencio por el pudor y la dificultad de hablar de lo indecible, pero ella reflexionó sobre las cosas que son importantes en la vida y sobre las que no lo son y sobre la frecuencia con que nos equivocamos en su apreciación.

Cuenta Sandberg que, tras la muerte de su partner, comparando dos posibilidades de futuro, le dijo a un amigo de la familia: «Quiero la opción A». El amigo le puso su mano sobre el hombro y le dijo: «La opción A no está disponible, así que quita la mierda de la opción B».

Cuando nos golpea el miedo y tenemos la sensación de que en cualquier momento podemos perder a la persona más querida, es difícil que afloren los sentimientos, pensando que expresarlos es debilidad. Proclama Sandberg que es bueno hablar de sentimientos. El propio medio del que es directiva defiende la «descarga» del trauma (profundo o superficial) y la comunicación inmediata de las emociones.

En el campus donde está Facebook hay un póster elocuente: «Muévete rápido y rompe cosas». Hillary Rodham sigue sin acabar de convencer a muchos votantes y su marido „que se lo debía„ aprovechó la ocasión que le brindaba la convención Demócrata para decir una serie de cosas, con el claro propósito de cambiar la percepción sobre esta mujer, a quien aguarda un vía crucis hasta noviembre. Así que, en el pabellón Wells Fargo de Filadelfia, se dedicó a desgranar, pacientemente, méritos y virtudes de su pareja, en una pieza magistral.

Ante una audiencia entregada, contó que le hicieron falta cuatro años para convencer a una rubia, con grandes gafas y sin maquillar, de que se casase con él. Era tal el aplomo, la fuerza y el magnetismo de la joven que tuvo que sudar la camiseta para conseguirlo, al tiempo que entendía a una familia que hacía bueno el viejo dicho: «no juzgues nunca un libro por sus tapas».

Ninguno de los cargos que se formulan en su contra (ambición, dedicación, experiencia, habilidad para levantar dinero y tener una agenda para ganar) se considerarían negativos en un hombre. Más bien lo contrario.

Entonces ¿qué realidad se esconde tras este rechazo? ¿se trata de un mantra eficazmente diseminado por los republicanos o es simplemente un brote de misoginia o de rebelión hacia la figura de una mujer poderosa? La desaprobación no tiene un fundamento racional, y es más bien el resultado de una incesante campaña por demonizarla desde la derecha y desde quienes se subieron al carro de Bernie Sanders y vieron en ella el principal obstáculo a su candidato.

En la primera batalla por la Casa Blanca ha recibido algunos crochets: que está al servicio de Wall Street, tiene una historia de turbios emails y gestionó mal, cuando era secretaria de Estado, la crisis tras el ataque al consulado americano en Benghazi (Libia). Pero el memorial no acaba ahí ya que lo peor sería su falta de empatía para ganarse el corazón de los votantes y sobre todo de quienes no tragan con la artificiosa supervivencia de su matrimonio de conveniencia, zurcido por intereses políticos.

No se conocen bien los entresijos de Hillary Rodham Clinton. Se sabe que es quien coge el teléfono para hacer las llamadas y la que se interesa cuando han operado a alguien. Y en su apabullante biografía destaca su capacidad para tender puentes con el adversario, o la apuesta por una conversación relajada cuando busca el pacto con el rival, huyendo de marcar distancias o de amagar con la confrontación torpe, una actitud que algunos le han reprochado a Obama.

Por no mencionar que sabe beber cerveza a morro, mientras baila salsa Se me perdió la cartera en una pista de baile, al ritmo de la African Charanga. Así ocurrió en Cartagena de Indias cuando asistía como secretaria de Estado a una Cumbre de las Américas y festejaba su cumpleaños, lejos de Bill, en el Café Havana, un bar que solía frecuentar Gabriel García Márquez.

Esta mujer que nunca se ha rendido y eso le ha llevado a ganar la partida (primera dama, senadora, secretaria de Estado, candidata a presidente), en el pecado lleva la penitencia y tiene un ejército de detractores que no la soportan, en un país más polarizado que nunca. En su aclamada intervención, Bill Clinton encendió el motor: «Tiene una curiosidad insaciable y no deja de imaginar y hacer cambios positivos en la vida de la gente». ¿Podría ser esto lo que tanto ofende a sus críticos? No habría que descartarlo porque cuando las mujeres buscan de forma explícita el poder, es frecuente que se active una reacción negativa. Que se lo pregunten a alguna.

Y terminó pidiendo el voto, con un recurso eficaz: «Quienes tenemos más ayeres que mañanas, tendemos a preocuparnos más por nuestros hijos y nietos. La razón por la que deberíais votarla es porque en este gran país siempre hemos mirado al mañana y vuestros hijos y nietos lo agradecerán».
Estas bellas palabras son una clara advertencia de lo grave que sería para América tomar la decisión equivocada. Los sociólogos piensan que si Hillary Clinton ganase las elecciones, los americanos la querrían más que ahora. No estoy seguro pero habrá que verlo. Para ello, falta la batalla final, que será cruenta y sabido es que la ópera no acaba hasta que no canta la gorda.

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