La chapa del sábado

La calle de la alcayata

La calle Larios, emblema del cosmopolitismo de la capital de la Costa del Sol, se envilece con el paso de las horas durante la Feria

20.08.2016 | 05:00

No se asusten, que no vamos a poner a parir a la Feria hoy también. No he parado de escuchar a vecinos, compañeros, conductores de autobuses hasta dónde están de la Feria de Centro durante los últimos días. Que si es imposible ir al Centro. Que si hay demasiada gente. Que si «yo no, yo voy pero poco». Pues alguien irá, cuando están las calles del Centro tomadas desde el mediodía. Hay que reivindicar la Feria, como fiesta, como lugar de encuentro, más allá de los excesos y las formas, pero algo que me bota y me rebota en la sesera de la primera a la última de las cinco ferias que ya he experimentado como ciudadano de la capital de la Costa del Sol es si podría llegar a ser nocivo que el meollo del asunto sea precisamente la arteria principal que hace latir el corazón malaguita. La calle que es imagen de recurso habitual de informativos y reportajes para hablar de excepcionales cifras turísticas, de agradables 24 grados en pleno enero o, un poco más reciente, de la máxima temperatura registrada en todo el territorio español. Los 300 metros de la calle Larios son un mar de cabecitas desde el mediodía de cualquier día de feria. Familias, despedidas de solteros, feriantes buscándose la vida con globitos de Dora la exploradora... una Feria, en fin, concentrada en una calle decimonónica, sin albero. Pero pasan las horas y pesa el Cartojal, y como cae el sol siguen cayendo las copas, que van siendo demasiadas, y las coplas y los cantes de verdiales se van transformando en lamentos, audios de Whatsapp y sollozos por lo que pudo ser a las cinco de la tarde y al final no será pasadas las once de la noche. Las familias que aún aguantan para finiquitar el día de Feria con un heladito tapan los ojos a sus niños para que no vean más carne de la debida, camino de la Alameda Principal, a continuar la exhibición en el Real. Y apenas recorridos 150 metros de farolillos, la pregunta de si es este el lugar y la forma en la que celebrar una Feria, es interrumpido por un cántico a mitad de camino entre lo futbolero. El giro a la derecha hacia Atarazanas es obligado. Y los últimos metros de calle Larios, de madrugada, perdidos.

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