360 grados

Los refugiados y el 'nosotros' de la canciller

01.09.2016 | 05:00

Hace un año que Angela Merkel pronunció su frase más famosa, «Wir schaffen das» («Podemos hacerlo»), y hoy muchos se preguntan quién era ese «nosotros» de cuya capacidad la canciller no parecía tener ninguna duda.

¿Hablaba sólo en nombre de sus compatriotas? ¿Se refería acaso a todos los europeos, a quienes trataría luego de convencer para que cada país aceptara su parte alícuota de refugiados?

En aquella fase eufórica de su campaña, la canciller se prestó incluso a hacerse «selfies» con quienes llamaban a las puertas de una Europa que se ufanaba de su profundo compromiso con los derechos humanos.

Para quienes huían de la opresión y de la guerra, la política más poderosa del continente se había convertido de pronto en una especie de madre Teresa de los refugiados.

Pero desde entonces han pasado muchas cosas que seguramente la canciller no había previsto. Por ejemplo, la negativa de la pequeña Austria a aceptar más inmigrantes de los que se mostró dispuesta a acoger en un primer momento y el cierre de la ruta de los Balcanes, por la que una mayoría había estado entrando en Europa.

Al mismo tiempo, los nuevos miembros centroeuropeos de la UE, olvidados de pronto del falso internacionalismo de su anterior etapa comunista, se negaron de plano a abrirse a gentes de una cultura y una religión que, según ellos, no tenían cabida en la Europa de viejas raíces cristianas.

Tantos rechazos de los socios obligaron a Berlín a idear un acuerdo con Turquía para el retorno y la readmisión de refugiados, que aceptaron los otros gobiernos porque les quitaba de momento un problema de encima, pero que los volvía a todos más vulnerables a eventuales chantajes del presidente Erdogan.

Mientras tanto, la política acogedora de Angela Merkel no había dejado de provocar cada vez más tensiones en su propio país y dar alas a la xenófoba Alternativa para Alemania, que no hacía más que crecer en la intención de voto al punto de suponer un peligro para las coaliciones existentes tanto a nivel federal como regional.

Todo ello hizo aflorar nuevas tensiones entre los cristianosociales bávaros y la canciller por considerar aquéllos que Alemania no podía seguir abierta a la llegada indiscriminada de refugiados sin poner en grave peligro la cohesión social.

A las críticas al voluntarismo de Merkel ha terminado sumándose el líder socialdemócrata y vicecanciller, Sigmar Gabriel, con un discurso muy similar al de los bávaros: «Existe naturalmente un límite (a la admisión de refugiados) y ése no es otro que la capacidad de integración del país».

También la líder de Die Linke (excomunistas), Sahra Wagenknecht, se ha apuntado al coro de reproches a la canciller al señalar abiertamente el problema que presenta la integración de los recién llegados, bien se trate de refugiados o de inmigrantes económicos.

Sus declaraciones le valieron, sin embargo, duras críticas de quienes, desde su propio partido, la acusan de olvidarse del internacionalismo y tratar de convertirse en la nueva «Juana de Arco» de la derecha nacional. Todo lo que ocurre y la proximidad de algunas elecciones regionales ha hecho cundir la preocupación también entre los cristianodemócratas de la canciller, que lanzaron la pasada semana un globo sonda al hablar de la posibilidad de suprimir en un futuro la doble nacionalidad para los descendientes de inmigrantes nacidos en Alemania y obligarlos así a elegir entre un pasaporte y otro.

La propia canciller ha intervenido en el debate sobre la supuesta falta de lealtad de muchos turco-alemanes hacia el país que acogió a sus padres al declarar en una entrevista: «Tenemos derecho a esperar de quienes llevan mucho tiempo viviendo en Alemania desarrollen una buena medida de solidaridad con nuestro país».

Palabras que, por cierto, han sido duramente criticadas por el semanario Der Spiegel, que acusó esta semana a Merkel en un editorial de establecer una diferencia entre «nosotros», los alemanes de pura cepa, y «ellos» y seguir la «rancia lógica» de considerar al «inmigrante alguien en peligro constante de dejarse instrumentalizar como quinta columna por el país de procedencia».

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