Al Azar

El burkini no se pone, se impone

03.09.2016 | 01:59

¿La ablación del clítoris también es derecho a decidir, o solo expresión de la libertad personal? Si me coloco una cruz gamada en la solapa, puedo sostener que no simboliza las atrocidades nazis, y puede que en efecto no las simbolice para mí. Sin embargo, concluir a partir de aquí que la esvástica es un elemento neutro no solo es irracional, sino también un delito en numerosos países democráticos. En cambio, basta con encontrar a una usuaria del burkini que se proclame voluntaria de la engorrosa prenda, para que el bañador de cuerpo entero se alce en estandarte de la libertad. Pues no, un prisionero feliz no suaviza la cárcel. Quienes rastrean a bañistas conformes con su macrobikini, suelen olvidar las palabras de Alí Jamenei. El líder supremo de la revolución iraní agradeció a las deportistas que difundieran el velo islámico en Río´16. Constituye pues un símbolo religioso y político de primer orden, según los teócratas que no lo ponen, lo imponen. La perplejidad ante el panfilismo occidental se convierte en estupefacción, al escuchar a los progresistas que no advierten significación alguna en prendas opresivas y opresoras, al mismo tiempo que exigen la erradicación de símbolos del franquismo de los lugares públicos. Solo podemos compartir su rechazo a Franco, pero debieran explicar por qué no lo extienden al aparato ensalzado por ayatolás igualmente sanguinarios. No hay que decirles a los demás cómo deben vestirse, salvo que las personas que se calzan un burkini les están indicando a los demás cómo deben vestirse. Es un reproche, a falta de medios para la obligatoriedad que rige en los países donde la prenda se halla más difundida. Es desagradable que se humille a una persona en la playa por su vestimenta, como se haría por cierto con alguien que se bañara desnudo en la aplicación más estricta de su libertad. También es vejatorio verse obligado a descalzarse y a alzar los brazos en cruz en un aeropuerto ante centenares de extraños, por culpa en buena parte del terrorismo islámico. Sin embargo, se acepta la restricción en aras de la convivencia.

Solo podíamos acabar con Jean Daniel, el judío argelino que lleva más de medio siglo prolongando a Camus. Con motivo de la prohibición efectiva y pacífica del velo en las escuelas francesas, el seguidor de Ramon Llull destacó que veía razonable la supresión de la prenda, no tanto por imperativo legal como por «cortesía». Una palabra difícil de traducir al fundamentalés.

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