La señal

Rajoy en Versalles

04.09.2016 | 05:00

No sé si han sido esos días de paso ligero y pantalón corto por los montes de Galicia en compañía del esposo de la presidenta del Congreso, José Benito Suárez, pero Rajoy entró socarrón en el hemiciclo el martes y el miércoles pasados. Es cierto que para pedir la abstención de PSOE –que no iba a obtener y lo sabía– no debía ser duro con Sánchez, aunque él lo fuera en grado sumo con él, pero andarse con cortesías parlamentarias con quien levanta el puño desde la tribuna de oradores y señala y amenaza e insulta es darle alas a quien ya tiene garras. Lo mismo cabe predicar de Tardá, Homs y otros sediciosos. Los modales versallescos con los que quieren llevarte al patíbulo no son recomendables, salvo, eso sí, que quieras despedirte de esta vida. Cuando unos quieren acabar con la democracia y otros con España, no hay que hablar bajito, sino alto y claro, la defensa de la ley y de las libertades deben llenarte de aire los pulmones. Llamarle «estupendo» a Iglesias es frivolizar con Belcebú, uno de los siete príncipes del infierno, es condenarte, Mariano. Por lo demás, el presidente en funciones fue el mejor parlamentario de los que intervinieron, aunque eso no basta. La aritmética es todopoderosa.

Claude Bernard, el padre de la medicina experimental, decía que cuando los resultados de una prueba se encuentran en oposición con las teorías reinantes, deberíamos aceptar los hechos, no las teorías. Pues eso es lo que se debería practicar con quienes sin pasar por Río 2016 se saltan la ley.

La verdad es que si le pusiéramos el termómetro a España, en las ingles mejor que en la axila, daría fiebre alta. Lleva así mucho tiempo y no termina de morirse, es admirable cómo se debate postrada en sus delirios mientras el mundo le da vueltas en la cabeza. Y en esas pesadillas que la invaden ¿qué pasaría entre nosotros si tuviéramos un Trump? Bueno, Jesús Gil lo fue a su modo, aunque no a lo ancho de la piel de toro, se afincó solo acá abajo. ¿Solo los populistas de extrema izquierda e independentistas están destinados a tener éxito electoral en una nación tan vieja?, ¿o es que en esta tierra han sembrado con sal?

Mientras tanto, me cuentan la vida de Mar Cabra, del Consorcio Internacional de Periodistas, que se recluyó en Amsterdam para ordenar los papeles de Panamá, con nombres y apellidos de todas las nacionalidades. Es sobrina de José Manuel Cabra de Luna, presidente de la Academia de San Telmo –que tan brillantemente celebra su año cervantino–. Me cuenta que esta mujer hace años en un acto público se agarró a Hugo Chávez diciéndole que daba sus primeros pasos en la profesión y que, por favor, le concediera una entrevista. Y se la dio. Eso es lo que debe hacer un joven profesional, y después debe ponerlo a parir en la glosa de tan atrabiliario personaje. Todo esto en un local USA en el Soho. Menos mal que no hay documento gráfico, creo. Porque no se puede estar seguro de casi nada, por ejemplo, yo me inclino porque el asalto al bufete de Francisco Javier Lara, decano de los abogados malagueños, en Marbella –en el que no desaparece un papel– es un aviso, y de factura muy clásica. Pero€ ¿de quién?

La vida es un misterio y quien no quiera reconocerlo peca de ignorante y soberbio. Si no que se pase por El Pacto Invisible, un espacio de arte contemporáneo en Molinillo del Aceite, con Diego Acedo, Gregorio Martínez y Jeets Dahnani al frente. A caballo entre el concepto de galería y el mundo digital. La economista británica Frances Cairncross y teóricos sociales y de la comunicación ya predijeron la muerte de la distancia con la expansión de Internet en los noventa. Hoy, allí en el hemiciclo, pensativo, Cristóbal Montoro se pregunta cómo podrían cotizar los robots y cómo considerarlos personas electrónicas. Así están las cosas. Mis felicidades, Sergio Corral, nuevo director de la Fundación Bancaria Unicaja, de muchos cambios últimamente, todo lo que no cambiaba antes ahora de golpe, continuará. Por eso convienen estos versos de uno de los poetas más grandes de todos los siglos, Luis de Góngora:

Ande yo caliente,
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.


cima@cimamalaga.com

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