Cartas al director

05.09.2016 | 05:00

Disolverse como un azucarillo, por Francisco Javier España Moscoso
Si de algo puede presumir la derecha europea, sobre todo la más conservadora, es de que sabe abducir a todos los partidos que caen en el error de servir de muleta para sus intereses y no voy a extenderme en ejemplos, porque el más paradigmático, además del Pasok griego, lo tenemos en la desdicha sufrida por el partido liberal-demócrata de Nick Clegg, estrella política emergente en 2010, que en las legislativas de mayo de 2015 prácticamente desapareció por caer en la trampa de dárselo todo, mayoría absoluta incluida, a David Cameron. Señor Rivera, mal augurio tengo para su futuro a corto y medio plazo; el PP, pero más Rajoy, sabe que unas terceras elecciones son el mantel idóneo para servirle en bandeja lo que quede de Ciudadanos, dado que el votante de centro derecha ya ha amortizado todos los desencuentros habidos con el PP por los motivos que todos sabemos y lo que me queda por ver, es si entre los acuerdos de investidura firmados entre PP y Ciudadanos hay un seguro de puertas giratorias para la ejecutiva de su partido por lo que pueda pasar y ya le anticipo que, a pesar de su buena disposición, sus votantes se van a diluir entre los del PP como se disuelve un azucarillo en té caliente.

Aunque el acuerdo es insuficiente, por Suso do Madrid
La firma del acuerdo entre el PP y Ciudadanos es una lección de responsabilidad política que trasciende el hecho relevante de la necesidad de buscar una mayoría que permita un gobierno estable en España a favor del interés general de la sociedad. La moderna España democrática se construyó sobre la reconciliación, el diálogo y los pactos. Una cultura política que ha vuelto a la escena política. Quien se empeñaba en decir que el Partido Popular es un partido incapaz de llegar a acuerdos con otras formaciones, ya no puede utilizar ese argumento. Aunque en estos momentos, a efectos numéricos de facilitar la investidura de Mariano Rajoy como presidente el acuerdo ha sido insuficiente, supone un paso significativo para hacer entender a los ciudadanos cuál es la voluntad real de servicio de nuestros políticos y dónde se coloca cada uno.

Otros votantes u otros dirigentes, por Diego Mas Mas
A estas alturas parece que vamos a unas terceras elecciones,  que darían resultados parecidos, como una cuarta, etc. Sólo quedan dos soluciones. Una, acabar con los votantes, o física, o moralmente, con otra dictadura, todo lo cual parece afortunadamente poco probable. No queda, pues, más que cambiar de dirigentes. Ya lo intentó Rivera –para desdecirse después– con el PP; y ahora se lo acaba de pedir Felipe González, quizá con la secreta ilusión de que el PP le elija a él. Es también muy improbable que ninguno de los otros cuatro principales lo haga por su cuenta (aunque Iglesias ofreció al PSOE una vez no estar en su Gobierno). La única solución democrática que veo sería que la presión  de la calle (sí, esa que estamos viendo hoy en muchos países en crisis pero que, hoy desde su escaño, Iglesias dice que es estúpido creer), presión global y continua que obligue a los partidos a celebrar unas primarias para elegir nuevos candidatos.   

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