De un vistazo

Los millenials beben noticias en la red

06.09.2016 | 05:00

¿Cuáles son las pautas que siguen los millennials a la hora de acercarse a las noticias? ¿Por qué caminos se mueve la llamada Generación Y? ¿Qué rutas atraen a aquellos nacidos a partir de 1980 o 1981 y el año 2000 ? Un trabajo de The Oxford University Reuters Institute para el estudio del periodismo da algunas pistas sobre ese complejo asunto, y algunas de ellas son altamente reveladores. Un primer dato a tener en cuenta: el 28 por ciento de los consultados con edad comprenda entre los 18 y los 24 años declaró que son las redes sociales su principal fuente de noticias, mientras que un 24 por ciento dio ese privilegio a la televisión. Como era de esperar, Facebook es el escenario preferido para compartir noticias, un 44 por ciento frente al escuálido 10 por ciento de Twitter. Lo que queda claro es que los millennials prefieren el texto escrito para acercarse a la actualidad: solo el 19 por ciento lo hace por medio de YouTube. WhatsApp llega al 8 por ciento. Snapchat, que ha entrado fuerte en la carrera de las noticias, aún está a años luz con sólo un 1 por ciento. Es un 78 por ciento el que lee textos antes que ver imágenes, lo cual contradice algunas teorías que aseguran que el consumo de vídeos derrotará pronto a la lectura pura y dura. De este estudio se deduce que las nuevas generaciones, como era de esperar, no sólo utilizan las redes sociales para colgar sus opiniones o exponer su vid a privada, sino que también se sirven de ella para estar al tanto de la actualidad y opinar sobre los asuntos (serios o frívolos) que más les importen. Esa preferencia tiene, evidentemente, riesgos: la credibilidad de las noticias en las redes sociales viene dada por la credibilidad de las fuentes a las que se recurre, a la veracidad que garantizan los medios cuyos enlaces aparecen en ese inmenso quiosco virtual (gratuito o no dependiendo de que la noticia aparezca en un muro de pago o abierto). Pero también hay, en ese maremágnum informativo, riesgos desinformativos que contaminan la comunicación digital con bulos, timos y manipulaciones de todo tipo al servicio no de la verdad sino de la intoxicación. Es decir, nada qué ver con el periodismo honesto, riguroso y veraz que mana de las fuentes fiables.

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