Tierra de nadie

Se lo merece

13.09.2016 | 05:00

Descubro en un esquinita del periódico una esquela poco mayor que un sello de correos. Ignoraba que las había tan pequeñas, y tan baratas, porque supongo que será barata. Se aprecia sin dificultad el nombre de la fallecida, pero para leer el de los deudos hay que esforzar los músculos oculares o utilizar la lupa. Es esta calidad de reto para la vista lo que me conduce a leerla. Doña Beatriz, que así se llamaba la finada, falleció en Washington, aunque había nacido en una localidad de Cuenca en 1929. Ochenta y siete años. Su hermana, sus sobrinos y todos sus familiares españoles ruegan una oración por su alma. Inevitablemente, me uno al sentimiento general de pérdida y rezo una oración laica por su eterno descanso. Luego recorto la esquela (la esquelita) y la pegó al corcho que tengo delante de la mesa de trabajo.

Durante los siguientes días, cada vez que levanto la vista de la pantalla del ordenador o del cuaderno, me encuentro con ella y me conmueve como cuando la descubrí. Es evidente que quienes la pagaron tuvieron que preguntar por los diferentes precios y tamaños. Está claro también que no la encontraron más pequeña (ni más barata). Quizá para ellos seguía siendo cara, pero decidieron ponerla de todos modos, casi invisible entre las páginas de un periódico grande, como el náufrago que arroja una botella con mensaje al océano. Cómo la descubrí yo entre aquella inmensidad de letras, constituye un misterio.

Pero ahora pensemos en doña Beatriz, 87 años, nacida en una localidad de Cuenca y fallecida en Washington. ¿Qué pudo conducirla allí, tan lejos, en qué año se marchó? La esquela no habla de marido ni de hijos. Solo una hermana, dos sobrinos, una sobrina política y tres sobrinos nietos. La relación se cierra con «todos sus familiares españoles», abarcando o intentando abarcar una generalidad dispersa a la mayoría de la cual quizá no ha llegado el mensaje. Esta mujer tuvo que ser muy querida por su hermana, los sobrinos, la sobrina política, los sobrinos nietos. De otro modo no se entiende la existencia de una esquela tan menesterosa y tan rica al mismo tiempo. Descanse en paz, amiga, estamos seguros de que se lo merece.

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