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Economía circular

La finalidad de esta transformación es evitar la destrucción del capital natural, así como mantener la cantidad y calidad del mismo, tanto para la generación presente como para las futuras

15.09.2016 | 05:00

La economía circular imita a la naturaleza. Es un modelo económico que tiene por objetivo reducir la entrada de recursos y la producción de desechos. En él los materiales establecen un bucle que repite la entrada de materiales en el circuito de producción, que hace entrar en el mismo de manera repetida los materiales utilizados hasta que éstos no puedan volver a utilizarse. Se trata de abandonar la filosofía de usar y tirar y, con ella, el consumo sin límites como medio para alcanzar el progreso social.

La razón de ello es que la asignación de recursos naturales solamente basada en criterios de eficiencia económica, como hasta el momento, es insostenible ambientalmente. El uso de estos recursos, únicamente, sobre la base de criterios economicistas nos ha llevado a un sobreaprovechamiento del medio ambiente: los recursos renovables son utilizados por encima de su tasa de regeneración; los recursos no renovables son explotados sin tener en cuenta sus existencias limitadas; y la capacidad de asimilación de la biosfera está siendo gravemente sobrepasada. Esta sobreutilización, a su vez, ha afectado gravemente a la función de sustento de vida de los sistemas naturales, con alteraciones a escala global como la disminución de la capa de ozono, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad.

La economía circular, en un contexto bioeconómico, significa reglar la estrecha relación que existe entre economía y medio ambiente y prestar atención a las cuestiones derivadas de la equidad intra e inter generacional, a los problemas de irreversibilidad e incertidumbre que la adopción de decisiones causan a las generaciones futuras, así como a la ignorancia que tenemos sobre las complejas dinámicas de los sistemas naturales. La profunda transformación de las instituciones que requiere este cambio, exige que sea llevada a cabo de forma democrática y con participación de todos.

Esta nueva concepción de la economía debe ser complementada, pues por sí misma es insuficiente. Es necesario, además, tener en cuenta aspectos como: la equidad intergeneracional (justicia entre generaciones) en relación al consumo de recursos y uso de la biosfera; comenzar un decrecimiento económico socialmente sostenible; relocalizar la actividad económica, cuidado y valoración de los recursos y servicios ambientales; una regulación financiera que favorezca la economía productiva; el replanteamiento del sistema impositivo; o la redefinición de la renta, del trabajo y de la organización de la empresa. La finalidad de esta transformación es evitar la destrucción del capital natural, así como mantener la cantidad y calidad del mismo, tanto para la generación presente como para las futuras, pues si éste se destruye la vida social, tal como la conocemos, será cada vez más ardua y espinosa, y no bastará después con reducir el consumo para reparar los daños. Esto significa que tenemos que transitar de la actual economía depredadora a una economía de las necesidades.

Este nuevo modelo económico que necesitamos repudia, además, la injusticia social, pues el desarrollo sostenible está en relación inversa a la existencia de problemas de desigualdad. Y la desigualdad ambiental es el origen de mayores y nuevas desigualdades sociales. Piénsese en las desigualdades que nacerían de un desigual acceso a los recursos y servicios naturales. Las bases sobre las que se asienta el nuevo modelo bioeconómico son: prosperidad sin crecimiento, vida buena, trabajo productivo y reproductivo y deliberación ciudadana.

Para hacer posible el nuevo modelo de economía circular, dentro de un modelo de economía ecológica, hace falta como dice Marcellesi, que «cada persona y cada sociedad» repiensen «de forma individual y colectiva el sentido de nuestra existencia y, por consiguiente, nuestro lugar adecuado en la naturaleza (…). Una reconversión ecológica de la economía y de la sociedad supone, [por tanto,] contestar de forma democrática a las siguientes preguntas: ¿por qué, para qué, hasta dónde y cómo producimos, consumimos y trabajamos?». La adaptación de la economía a los límites entrópicos de la biosfera es la emancipación pendiente de la modernidad: la liberación de la economía que no esté al servicio de las personas.

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