Crónica galantes

Factorías de noticias

25.09.2016 | 05:00

El periodismo que era o quería ser una historia bien contada en la época de Tom Wolfe está a punto de convertirse, medio siglo después, en una factoría que fabrica y empaqueta noticias de bajo coste. Mal asunto para todos y no solo para el gremio de los plumíferos, que bastante tienen con mantener el empleo. Defiende tal opinión con otras palabras el especialista brasileño en medios de masas Ricardo Gandour, que en un reciente trabajo publicado por la Journalism Review de Columbia constata –y deplora- el bajón de calidad que a su juicio sufre la prensa. Se refiere, naturalmente, a los medios tradicionales que siguen siendo los grandes proveedores de contenidos informativos a la Red. Tan convencido está Gandour de la condición meramente fabril de los periódicos que ya ha propuesto un nuevo nombre para lo que hasta ahora se conocía como redacciones. Él prefiere adjudicarles la definición un tanto palabrera de «plataformas estables de producción periodística»

Al modo de una fábrica que funcionase bajo las reglas de una cadena de montaje, tales plataformas expenderían al público noticias mezcladas con opiniones, cotilleos, contenidos patrocinados y misceláneas diversas. Ese batiburrillo lo recogerían posteriormente las redes sociales por las que se informan –digámoslo así- la mayoría de los internautas que no buscan tanto noticias como curiosidades en los mares de internet.

El proceso recuerda vagamente a las Selecciones del Reader´s Digest: aquella revista que reunía artículos de diversas fuentes y los resumía –o «condensaba»- para hacerlos más digeribles al lector. La única diferencia consiste en que el proveedor de resúmenes encargado de servir la información de otros en picadillo se llama ahora Facebook o Twitter. Como en el caso del Reader´s, las noticias originales proceden de los periódicos de toda la vida, que intentan sobrevivir en el nuevo espacio digital.

Infelizmente, la crisis del modelo de negocio en la prensa ha diezmado las redacciones, debilitando su capacidad de producir noticias fiables y respetuosas con la gramática. Sin ganas de generalizar, Gandour sostiene que algunas de las nuevas «plataformas de producción» de informaciones no respetan siquiera las reglas más elementales del oficio. Comprobar los hechos, por ejemplo; poner la noticia en su contexto o hacer referencias cruzadas a varias fuentes que garanticen su veracidad. Debilitadas por la mengua de profesionales y las urgencias propias de la era digital, algunas redacciones se ven obligadas a prescindir de esos enojosos trámites. El resultado es una constante degradación y empobrecimiento de todo el «ecosistema de la información», por decirlo con las palabras algo pomposas de Gandour. De ahí que, en su opinión, el periodismo empaquete textos bajo la etiqueta de noticias que en algunos casos son, simplemente, información en bruto mezclada con opinión sin base alguna en los hechos. El rigor de lo que se cuenta cede paso a un debate superficial en el que lo importante es el número de «me gusta» y «comparto» con el que los lectores pespuntean cada artículo.

Es lógico, si bien se mira. El periodismo fue en su origen un oficio artesanal que, como tantos otros, podría estar sucumbiendo a la mucho más barata producción de bienes en cadena. Al igual que las salchichas, las noticias de factoría no resisten la comparación con las elaboradas al modo tradicional; pero esto es lo que hay. Ni siquiera al tan mentado Gandour se le ocurre solución alguna al problema.

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