Crónicas galantes

Jóvenes, guapos y enfadados

30.09.2016 | 05:00

Dos de los famosos más enfadados de España son Cristiano Ronaldo y Pedro Sánchez, con la diferencia de que el segundo ni siquiera mete goles. Lucen ambos un crónico gesto de cabreo que no se aviene gran cosa con su aparente situación personal, adornados como están por la juventud, la apostura y el liderazgo en lo suyo. En casos así, era costumbre preguntar a los afectados por las razones de su enojo con la frase ritual: «Eres joven, guapo y con dinero; ¿qué más quieres, Baldomero?». El Baldomero en cuestión respondía en un anuncio de la tele que lo que le faltaba era una máquina de afeitar Philishave. Ronaldo y Sánchez van perfectamente rasurados, así que el motivo no ha de ser éste.

La única explicación al mohín avinagrado que luce el líder del PSOE es que los resultados contables de su empresa no son del todo estimulantes. Sus últimos ejercicios se han saldado con graves caídas de votos, que es como se llama a las ventas en el peculiar negocio de la política. Y, peor aún que eso, el partido socialdemócrata que gobernó España más tiempo que cualquier otro va camino de perder incluso su tradicional posición dominante dentro de la izquierda.

Son razones bastantes para la inquietud; pero en modo alguno para amargarse cuando uno es joven, alto, guapo y con estudios. Si lo único que le da disgustos a Sánchez es la política, bastaría con que dejase el cargo para dedicarse a actividades más placenteras. Un profesional tan preparado como él no tardaría en encontrar un empleo a la altura de sus capacidades, con la consiguiente mejora de su estado de ánimo.

Su predecesor y tal vez mentor José Luis R. Zapatero sufrió también lo suyo; pero lejos de poner gesto desabrido, iluminaba las teles con una permanente sonrisa. Podía ocurrírsele –y de hecho se le ocurría– cualquier extravagancia costosa para los bolsillos de los ciudadanos, pero todo se lo perdonaban estos por su amable carácter.

Zapatero se empeñó en ir camino del barranco hasta que una llamada de la comandante Merkel le obligó, muy a su pesar, a cambiar el rumbo. También Sánchez se obstina en seguir contra el viento y la marea de los votos adversos; pero no hay Merkel que se atreva a entrometerse en estos asuntos internos de partido.

Puede que el ceñudo líder socialista rinda incluso un favor a los españoles en general, aunque no le voten. Su empecinamiento nos conduce directamente a unas terceras elecciones, lo que supondrá prolongar como mínimo hasta el plazo de un año la feliz situación de limbo sin gobierno que los españoles viven con tanta tranquilidad.

Si acaso, el riesgo para la empresa de Sánchez es que el PSOE desaparezca del mercado, lo que sin duda sería un contratiempo. Ya pasa algo parecido en Grecia e Italia, donde el espacio que dejó libre la socialdemocracia lo ocuparon los syrizas y los beppegrillos: partidos que por su propia naturaleza son más hábiles en ejercer la oposición que en gestionar cosa alguna. Lo único que garantizan es que, antes o después, los votos se inclinarán a la derecha por mero cansancio.

Por ahí va Sánchez. Se le ve al hombre empeñado en que se repitan cuantas veces sea necesario las elecciones, hasta que su contrincante Rajoy obtenga al fin la mayoría suficiente para gobernar. Quizá eso explique el gesto desabrido del joven y apuesto líder socialista. Lo de Ronaldo, en cambio, no lo entiende ni el Tío Gilito.

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