Tribuna

TMZ, el rey absoluto del amarillismo digital

El portal de cotilleos que dio la exclusiva del divorcio de Joli y Pitt paga por muchas de sus noticias, que aborda desde el sensacionalismo y la opacidad

05.10.2016 | 05:00

Internet es un hábitat acogedor para los chismorreos y el periodismo banal, y en ese territorio el rey se llama TMZ. El portal, nacido en 2005 gracias a la colaboración entre AOL y Telepictures Productions, propiedad del coloso Time Warner, está detrás de algunas de las exclusivas más llamativas de los últimos tiempos. A muchos les huele a cuerno quemado tanto éxito y son frecuentes las acusaciones de que para conseguir esas informaciones privilegiadas hay a veces importantes desembolsos de dinero. Su primer gran éxito fue dar noticia de la muerte de Michael Jackson, aunque nadie le creyó en un primer momento y hasta que no lo publicó un periódico con credibilidad pocos se atrevieron a hacerlo público. El último scoop, la primicia del divorcio de Angelina Jolie y Brad Pitt.

Su editor jefe, el exabogado y exreportero de televisión Harvey Levin, niega tajantemente practicar el periodismo chequera (¿qué otra cosa puede hacer?) pero pocos le creen. Lo cierto es que TMZ se ha convertido en la web rosa de referencia en Estados Unidos, aunque con frecuencia vire al negro para ofrecer información morbosa o al amarillo chillón para seguir los siniestros pasos de grandes popes del periodismo sensacionalista como William Randolph Hearst. Sus fuentes en los tribunales de Los Angeles también son otra vía de esta curiosa forma de practicar el periodismo «de investigación». Pero los enemigos de Levin, que son legión (pregunten, pregunten al actor Alec Baldwin), le acusan de pagar a cualquiera que se ponga a tiro, desde médicos, chóferes de famosos o gente de su entorno pasando por conductores de ambulancia y policías. Como mucho, la web admite haber pagado un precio «simbólico» por algunas noticias.

Hay una visión menos mercantilista que apunta a la posibilidad de que los suministradores de información sobre escándalos no cobren por ello y acudan al sitio por ser el que más eco tiene ahora mismo. Por venganza o por interés en romper la imagen de alguien. Pero en los casos más conocidos se habla de cantidades nada desdeñables que TMZ habría pagado para hacerse con la noticia. Por ejemplo, se asegura que en 2012, soltó quince mil dólares por las fotos del príncipe Harry mostrando sus vergüenzas reales en un hotel de Las Vegas. Un medio que investigó estas prácticas «periodísticas», The International Business Times explica que para probar las prácticas habituales de la web le vendió un video/señuelo de dos minutos por mil dólares, pagados por medio de un cheque electrónico.

Al poderoso Levin también le acusan de exprimir a sus trabajadores hasta la última gota de sudor con jornadas laborales de catorce horas en pos de las fuentes más amarillas. De ahí que la permanencia en la empresa sea efímera, lo que confirma que no se busca profesionales que trabajen a conciencia las noticias sino meros rellenadores de contenidos a porrazos. De hecho, otra de las razones por las que TMZ es criticada en las redacciones de la prensa seria es que sus periodistas no tienen nombre y las noticias van firmadas por «TMZ staff».

TMZ ha mostrado su fuerza en casos tan fúnebres como las muertes de los cantantes Michael Jackson y Prince, y de los actores Brittany Murphy y Peter Walker. A diferencia de los medios tradicionales que esperan a confirmar la noticia por fuentes fiables, TMZ no tiene problemas en lanzarse a la piscina a sabiendas de que en el internet más superficial es más importante para llamar la atención la celeridad que el rigor. Si a eso añadimos el tratamiento sensacionalista sin tapujos que muestra el portal como marca de estilo, no es de extrañar que dentro de la prensa de prestigio estadounidense goce de escaso predicamento por más que acumule «éxitos» tales como la detención de Mel Gibson por conducir ebrio y sus comentarios antisemitas, la petición de divorcio de Britney Spears o la condena a Paris Hilton a 45 días de prisión por ponerse al volante sin permiso de conducir. También se puso la medalla de contar antes que nadie los divorcios de Antonio Banderas y Melanie Griffith y de Kim Kardashian y Kris Humphries. O de mostrar las primeras imágenes de Rihanna con las huellas de las palizas de Chris Brown. O de desvelar los detalles del accidente de esquí que costó la vida a la actriz Natascha Richardson.

TMZ es un portal famoso pero sin prestigio. No ayuda a conseguirlo ni su estética más bien zafia ni el hecho de que haya incorporado el merchandising a sus informaciones: en su página se pueden comprar camisetas relativas al divorcio de Jolie & Pitt por 20 eurillos la más barata. Otra fuente de ingresos procede de los «tour» que llevan de paseo a los turistas para ver las fachadas de las casas de los famosos por Hollywood o Nueva York. Su práctica de pagar por las informaciones no es algo que escandalice en el mundo de la prensa rosa (digital o tradicional) porque es el plan nuestro de cada día, pero las razones de su desprestigio son variadas. Un artículo de The Washington Post lo resumía con claridad: TMZ no es fiable porque, además de fomentar la práctica poco ética de pagar por las noticias, rara vez identifica a sus fuentes. Y, de hecho, cuando anunció el fallecimiento de Prince nadie se atrevió a publicarlo hasta que la agencia Associated Press lo confirmó. «La reacción retardada ilustra una paradoja sobre TMZ», apuntaba el prestigioso rotativo, «a pesar de que ha sido bastante fiable en muchas historias importantes, los principales medios de comunicación son reacios a confiar solo en su palabra. La noticia, en efecto, no se convierte en noticia hasta que otra fuente coincide con las informaciones de TMZ». La revista New Yorker apuntaba que, con su red de soplones, la página web y su programa de televisión son más «una agencia de inteligencia» que «una organización de noticias».

Y tampoco es infalible. En 2009 publicó una fotografía en blanco y negro supuestamente tomada a mediados de la década de 1950 en la que se veía a John F. Kennedy divirtiéndose en un yate con cuatro mujeres semidesnudas. TMZ aseguró que esa imagen podía haber cambiado el curso de la historia al cercenar la carrera política del futuro presidente. Lo malo es que la fotografía original, en color, pertenecía en realidad a un número de la revista Playboy del año 1967 y había sido manipulada para encajar en ella el rostro del fallecido Kennedy.

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