Mal de ojos

Cita en pelotas

09.10.2016 | 01:22
Juan y Medio irrumpe como una Isabel Gemio con bigote haciendo en el siglo XXI un programa de finales del XX.

Me preocupa mucho quedarme en bolas, llegar a excitarme, y que se note, decía la voz del doblador de un gañán de un programa que se anuncia con truenos y relámpagos de gente en cueros pero se ve como peor se podría ver, con la ridícula censura de tapar el aguacate de las señoras y el calabacín de los maromos con nubes de fotoshop. Hablo de Cita en pelotas, un programa comprado a saldo en el mercadillo de las televisiones de EEUU por TEN, la nueva viejísima cadena que emite marranadas yanquis como Genios del tatuaje, Millonario busca esposa, Mujeres ricas de?, o sea, productos de quinta. Escuchar la voz del doblador es partirse el lomo. O descojonarse. No tiene precio. Son doblajes que nacen muertos, huecos. Es verdad que TEN también emite Sígueme el rollo, un rollito de la simpática Sara Escudero, pero no deja de ser el programa mil veces visto de cámara oculta en donde alguien anónimo, pinganillo al oído, sigue las órdenes disparatadas de un invitado –ya se ha visto a Sofía Cristo, no pregunten por qué, a Lorena Castell, o a Luis Larrodera–. Pero volvamos a los citados en bolas. Cita en pelotas es una estafa. Vamos a ver, lumbreras de TEN, si tú anuncias un programa así, la audiencia quiere ver lo que anuncias. Pero no, la audiencia termina con cara de lela, sintiéndose engañada, y sin entender cómo una cadena echa mano a estas alturas de censura tan torpe cuando aquí, Cuatro, y con material patrio, en Adán y Eva, hace lo mismo pero con el pescado al aire. Así que nada, una secuoya como una olla para TEN –0,4% de audiencia media, la caca de una pulguita, la irrelevancia misma–. Es tan blando este chiringuito que tiene una cosa llamada Ten News, algo parecido a un informativo, pero dedicado a la moda, la salud, o sea, «línea blanca», explica la cadena, o sea, nada de Bárcenas y Francisco Correa y la Gürtel y el PP, y ahí sí, ahí sus directivos enseñan la flauta y se muestran en pelotas. Transparentes, como la autonómica que el grupo dirige en Murcia para mejor honrar al Gobierno limonero.

Vergüenza, vergüenza

Para compensar, aunque vestido para no asustar a las ancianas vulnerables, Wyoming se puso en modo Ana Torroja y estrenó al empezar la semana el musical sobre la trama Gürtel –junto a otras tramas, casos, idas, venidas, tapados, borrados, huidos y apartados del Partido Popular dio lugar a la foto vergonzante de Mariano Rajoy y mogollón de peña apoyándolo detrás para decir, en solemne cinismo, que ese lío no era una trama del PP «sino contra el PP», ¿recuerdan?–. Hoy no me dejan blanquear, desafinaba que daba gusto un inspiradísimo Wyoming, con Dani Mateo en los teclados y un Gonzo «happy flower» a la guitarra, todos en modo Mecano al servicio de un informativo que explica que todo eso se hace «porque es malo robar, pero más triste es pedir». En el tiempo, así es destacado por los magacines y algunos noticiarios, han coincidido esta semana en los juzgados los de la Gürtel, los de las tarjetas opacas de Caja Madrid, y los de la Púnica. Tres casos que salpican hasta el sobaco al PP. Así que no, querido presidente en modo ande yo en funciones y que arda el mundo, no es una trama contra el PP sino del PP. Y os está dejando en pelotas. Rodrigo Rato, en aquella foto mítica del yate, enseñaba el culo debajo del bañador hortera máxima potencia con transparencias vergonzantes como un adelanto de este paseo de la vergüenza –«shame, shame», gritaba el pueblo cuando lo hizo la divina Cersei Lannister en Juego de tronos para pagar sus múltiples pecados, dejando a la actriz Lena Heady en cueros vivos–. A la puerta de los juzgados se oían voces, gritos de rabia y enfado de gente estafada y ciudadanos cabreados que convertían el monocorde «shame, shame», vergüenza, vergüenza, en golfos, chorizos, y corruptos. La casualidad, recogía la tertulia de Javier Ruiz en Las mañanas de Cuatro, como si no se conocieran, juntaba a Luis Bárcenas y a Rato, sin saludarse, en la puerta del edificio donde son juzgados. Es la cita con la justicia que retrata una época dejándola en pelotas. Y al PP aún más, como trilero judicial al pedir que se anule todo el caso Gürtel.

Adelante, valientes

Y de pronto, a mitad de la semana, irrumpe Juan y Medio como una Isabel Gemio con bigote en Antena 3 haciendo en el siglo XXI un programa de finales del XX. Es El amor está en el aire, un Sorpresa, sorpresa donde no falta de nada para dejar al corazón en bolas, al albur de historias lacrimógenas de todo tipo. Desde las dos mujeres que al fin viven su amor con la cabeza levantada, y una le pide a la otra matrimonio en la sala de un cine, y hasta el padre de Maricarmen sale en pantalla orgulloso, animándolas a ser felices con un «adelante, valientes», al hijo que no conoce al padre, que sientan al lado sin saber que puede ser su hijo, y ambos acaban haciéndose la prueba de ADN para confirmar o descartar, o a las dos amigas que cultivan su amistad desde hace casi 40 años pero jamás se habían abrazado, una en Méjico, otra en España, hasta que la hija de la sorprendida, para agradecerle a la madre ser «la mejor madre del mundo», la lleva a El amor está en el aire para hacerle, según la mamá, «el mejor regalo de mi vida». ¿A que este Sorpresa, sorpresa no tiene sorpresa? Pues sí, lo tiene. Ha vuelto a dejar en ridículo a Isabel Gemio, aquella loca presentadora que iba de asiento en asiento, como desmayada, dejando que el pueblo la tocara como se toca el pito de una estatua griega. Juan y Medio ha hecho de El amor está en el aire lo que es, un programa rancio, una cosa populista –ahora que Pablo Iglesias reflexiona sobre el final del populismo–, pero sin subirse a la parra creyendo que está haciendo el programa del siglo. El amor está en el aire es un producto de sentimientos clínex, esos que apelan a lo primario, con un montaje –todo está grabado– que resta espontaneidad, donde el presentador demuestra que si le dan unas fichas lo mismo habla de carne que de pescado. Parece cercano, pero el almeriense sabe hasta dónde quitarse la ropa para no quedarse en pelotas. Como no se excita no teme, como el garrulo de TEN, que se le note el bulto.

La guinda

Astral
La primera película con el sello de Salvados llega a los cines, y no con una historia amable de ficción sino con un puñetazo en el estómago en forma de documental que muestra la crudeza de la lucha por la vida de los refugiados que se echan al mar y llegan a una Europa catatónica que caza pokemon. El velero de lujo Astral, usado ahora por la ONG Pro Activa Open Arms, da nombre a este trabajo de Jordi Évole y su equipo.    

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