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09.10.2016 | 05:00

Según todos los indicios, Europa va camino de ser a medio plazo una potencia económica de segundo orden. No debería agobiarnos. Llegados a un punto de satisfacción de las necesidades no tiene sentido priorizar el crecimiento cuantitativo. El progreso económico indefinido no sólo tiene límites objetivos (entorno natural, materias primas, desalojo de basuras), sino que suele confundir apetito y gula. Una Europa culta, pacífica, humanitaria, de gustos moderados, amante de su historia y curiosa de la de otros, podría reportar liderazgo moral al mundo (caso de que éste sea una aspiración en si). Tampoco debería asustar, sino al contrario, el estancamiento demográfico, aunque de momento plantee tensiones de sostenibilidad del sistema. El problema es que estas recetas sencillas van contra la voluntad de poder que anda detrás de todo, y al final sale en cada uno: queremos ser MÁS.

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