Cartas al director

13.10.2016 | 22:57

'Va por ti, maestro', por Ismael Almagro

Es posible que en estas líneas se me pueda escapar algún «taco biensonante». Como diría D. Camilo José, el «taco» es una manifestación efusiva del sentimiento. Es comprensible que, después de haber leído las palabras que una individua le dedica al joven Adrián y, por supuesto, futuro torero, no cabe una manifestación excesiva en la gramática española.

Creo que nos estamos equivocando. Nos empeñamos en formar a nuestros jóvenes, nuestra futura sociedad, con titulaciones de doble grado, con varios idiomas además del nuestro, el español, e incluso, le fomentamos que cursen estudios al menos un año fuera de nuestro país, España, para que así, puedan abrir su mente. Pero cooooño, tenemos que recuperar esos valores y principios tan olvidados hoy día en esta sociedad que está generando individuas como esta, capaces de desear la muerte de un niño que lucha contra el cáncer. Un niño que, cuando venza la enfermedad, que la vencerá, habrá aprendido a juzgar aquello que no es importante o no merece ser recordado.

¡La leche!, lo que puede dar de sí el sentir español. La sociedad entera se vuelca apoyando a Adrián y deseándole una pronta y total recuperación para que, entre otras cosas, llegue a ser torero y, de igual manera, la sociedad se vuelca con la individua deseándole? Vamos a dejarlo para más adelante y centrémonos en el sentimiento que puede tener la familia de Adrián, al haber podido comprobar que, aunque dormida, existe una idiosincrasia española que reacciona ante las injusticias, ante las adversidades, que es capaz de volcarse con los más necesitados. La individua no debe sentir otra cosa que angustia al comprobar que el empeño que ha podido poner su familia con ella no ha dado fruto. Un cortocircuito cerebral en la cadena de montaje ha sacado un producto defectuoso. Cuando un vehículo no pasa la ITV, la Consejería de Industria no le permite circular. Quizás, para casos como éste, tendríamos que pedirle a la Consejería de Sanidad que tome ejemplo en las decisiones drásticas.

En una enfermedad como la de Adrián, lo más importante, además de la firma del equipo médico para aceptar un costoso tratamiento contra el Sarcoma de Ewing, es la ilusión. Ojalá Adrián pueda conseguir las dos, la firma y el traje de luces. En el ruedo de la vida, hoy hemos podido evidenciar que, cuando algunos luchan para salir por la «puerta grande», a otros no les queda más remedio que recurrir a la «puerta de atrás».

Si esta individua (he conseguido controlarme) sintiera solo unos meses lo que pueden estar pasando Adrián y su familia, viviría en el «anonimato» el resto de sus días. Adrián, maestro, con todo mi cariño, estas líneas van por ti.

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