Cartas al director

18.10.2016 | 00:44

Negociar con independentistas, por Pablo Osés Azcona
Harto de escuchar la excusa de que no se debe. ¿Por qué? Si una encuesta diera el 80% a favor de la independencia seguro que se negociaría. Que remedio. Creo que un referéndum entre catalanes es inevitable. Y me parece muy conveniente que se monte bien entre ambos gobiernos. Hay que evitar que sea como el del brexit o el de Colombia, que han dejado consternación universal por improvisados. Y un deseo general de que ojalá se pudieran repetir para que todos lo pensaran mejor. Debe prepararse concienzudamente, con inteligencia y tiempo para que quede claro a casi todos, los pros y contras, la situación exacta que quedaría después. Hay que consensuar condiciones validantes. Que haya un quorum mínimo. Que si la diferencia es menor del 7%, en un sentido un otro, se repita enseguida de nuevo el referéndum para que todos voten esta vez con total conocimiento de causa. Y que en este segundo baste un 52% de sies. Y convencernos todos de que el resultado sea el que sea no es cataclismo para nadie. Sobreviviremos sin notarlo demasiado. Fuera dramatismos y mitos nacionales.


La transición al caciquismo, por Cristina Castro
Una de las etapas de nuestra historia en la que más piensan y mencionan los españoles es la transición a la democracia, proceso que se inició tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975. Sin embargo esta democracia no es real. La muerte de Franco supuso un periodo de transición a un tardo franquismo aún latente. Si entendemos la democracia como la forma de gobierno en la cual la soberanía recae en los ciudadanos, los cuales controlan y eligen tanto a sus dirigentes como a las decisiones que estos toman, sería un insulto para la democracia considerar que estamos viviendo en una. Para empezar, aunque los españoles tenemos derecho al voto, no tenemos control real sobre quien se presenta en cada partido, al ser las listas cerradas. Y la que puede que sea la razón más importante, no tenemos control sobre las decisiones que tomarán los políticos una vez en el poder. Un partido político puede incumplir sistemáticamente todas sus promesas electorales sin penalización alguna. No es democracia si el pueblo no decide, y ellos desde luego no decidieron ni la ley mordaza ni el rescate a bancos con dinero público.

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