Lo que hay que oír

Me como la coma

Cuando la ausencia de algún signo de puntuación genera ambigüedad

02.11.2016 | 19:55

Puede que ustedes recuerden la Mari y morena (perdón) que se armó allá por 1991 cuando a los fabricantes de ordenadores se les ocurrió suprimir la eñe de los teclados. Ahí fue Troya: ¡Que nos quitan la ñ!, clamó indignado el mundo hispano entero y verdadero. Con la coma parece que hay menos suerte. Infinidad de veces nos comemos la coma, tan modesta como necesaria, tan fácil de usar si no se tienen en cuenta todas las disposiciones de la RAE al efecto, complicadas de narices. Tengo un lector (¡aleluya!) que me anima a comentar ciertos carteles que a cada paso vemos y de los que se han ido o la coma u cualquier otro signo de puntuación, dejando su ausencia un rastro de ambigüedad. Al salir de paseo por las urbanizaciones de la patria mía, suelo, en efecto, toparme con docenas de enigmáticos letreros que advierten: «Cuidado perro suelto». Fíjense cuánto cambiaría el significado si metiésemos coma o comas en los mismos. En primer lugar, «Cuidado perro suelto» es ininteligible, nada significa, indescifrable queda la cosa. Le ponemos una coma y el asunto se entorpece aún más: «Cuidado, perro suelto». Ignoro si el propietario de la finca me está llamando a mí «perro suelto» o si es persona que se expresa con sintaxis vasca y me amenaza con soltar el perro a mi paso. Con dos comas –«Cuidado, perro, suelto»– no hay duda pero sí misterio: me está llamando perro, mas deja en suspenso intransitivo algo inquietante que me va a soltar. Insertando la coma tras el sustantivo –«Cuidado perro, suelto»– me entero de todo, pues me aclara lo limpio y vacunado que tiene a su can y añade que se halla en libertad. ¿Damos una solución a tanto lío? Aquí va: «¡Cuidado! Perro suelto». De no gustarles, tengo otra, menos imperativa: «Cuidado: perro suelto». En tales rótulos, pues, la coma bien comida está. Si tampoco les place, bastaría la foto de un perro con los piños bien visibles y punto disuasorio. Claro que todos nos entendemos si queremos entendernos; pero la colaboración entre emisor e interlocutor debe ir en las dos direcciones, no solamente en el esfuerzo de quien lee o escucha por entender lo que le escriben o dicen. Así ocurre con el popular «Prohibido fijar carteles», que quién no ha visto y al que nadie hace caso, como se puede comprobar cuando, no pocas veces, hasta la prohibición se medio tapa con nuevos anuncios. «Fijar» es un verbo preñado de significados rotundos: hincar, clavar, asegurar un cuerpo en otro, pegar con engrudo o producto similar€ Mi muy amable comunicante lector y sugeridor me insta a que señale lo siguiente: «No estaría de más un más». O sea: «Prohibido fijar más carteles». Porque si fijo un cartel que prohiba no fijar me estoy contradiciendo. Y dice más: «¿Y si no los fijo? ¿Y si los dejo bamboleantes colgados de una alcayata?». A quien primero la ideó y a quienes luego le siguieron con tal fórmula, se les escapó tal vez que habría bastado con el sencillo «poner»: «Prohibido poner carteles» o, si insistimos en purismos y en rollos macabeos, «Prohibido pone más carteles que este que acabo de poner para pedir que no pongan más», lo cual incluso podría resultar más efectivo por circunloquial y perifrástico y pleonástico. Además, suele acompañarse con una amenaza incorrecta: «Responsable empresa anunciadora», que aspira a que el anunciante cartelero cese en su actitud, pero que en la realidad estricta de la lengua no hace otra cosa que calificar doblemente a la empresa que pone o fija un cartel, ya que la llama responsable y anunciadora, y nos deja con la miel en los labios de que continúe. Por ejemplo: «Responsable empresa anunciadora€ se ofrece para fijar propaganda donde esté prohibido». Y ustedes disculpen estas líneas tan redichas donde hay exceso de comas o comas faltantes, para regocijo del lector curioso.

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