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De Pedro 'el maniquí' a Patxi 'el inconsistente'

07.11.2016 | 01:35

Al sanchismo le asomaron las primeras grietas en un día: el que transcurrió entre la dimisión como diputado de Pedro Sánchez y su entrevista televisiva en horario estelar en la cadena de Pablo Iglesias. Y quebró definitivamente en una semana: la que tardó Patxi López, la mano derecha del ex secretario general, en lanzar su candidatura para sucederle. Daga veloz sobre el cadáver caliente la del vasco, que ya se ve a sí mismo como el renovador del PSOE del nuevo siglo. Renovadores de la nada los llamaba Alfonso Guerra.

Desde Zapatero hasta hoy, nadie logra derrotar a los socialistas en su capacidad para promocionar aprendices de líder de interiores vacíos. Las buenas fuentes del PSOE, que no son las de Jordi Évole ni las de Andreu Buenafuente, tienen dudas a la hora de señalar quién de los dos es más banal, si Sánchez –no es no– o si López –no es abstención–.

El programa «Salvados» fue «Hundidos» para Pedro «el maniquí» Sánchez. La herida narcisista pudo con el Doctor No y lo dejó tan al desnudo que espantó a sus propios simpatizantes. Es lo que tiene elegir un guía engreído por la facha, con los mismos criterios con que se monta un escaparate. Pedro Sánchez, pretendiente a Cid Campeador para batallar después de muerto, acabó desvelándose como globo. Relumbrón por fuera, aire por dentro. ¿Alguien lo ha visto por España, en esa carrera agrupación por agrupación, militante a militante, que iba a iniciar en su Rocinante? Ya sólo le quedan escuderos, y escuderas, por amor. La carencia de ideas lastra.

En el campeonato de los esperpentos Patxi «el inconsistente» López triunfa. Llegar a Lehendakari con los votos del PP y postularse como fusta iracunda contra Rajoy tiene guasa. Las carcajadas resuenan en Mondragón. O en Irún, que está más lejos. A ver cómo explica esa coherencia a los militantes y a los españoles. O defiende la igualdad, la equidad, la solidaridad y la fraternidad después de apalancarse a capa y espada en los privilegios forales del País Vasco. Si el López candidato a Sánchez anhela ser justo con todos los españoles abogaría por la abolición del cupo.

Cuanto mejor trato reciben los nacionalistas de boca grande, menos calman sus ínfulas. Con Cataluña ocurre igual que con Euskadi. Los socialistas obreros y españoles no cesan en sus concesiones de balde a los hermanos socialistas burgueses catalanes. El brindis al sol fue el estado federal, acordado en el cónclave de Granada. Todavía nadie, ni en el PSOE, sabe qué significa eso de estado y federal en una España autonómica que supera en descentralización a cualquier federación de estados.

Quienes, como palmeros complacientes, jalearon a Maragall y sus hijos políticos se preguntan hoy para qué montaron aquel tablao. El Partido Socialista de Cataluña coquetea con los radicales y los independentistas. Libre albedrío. A Iceta le encanta el baile. Va a necesitar mucho movimiento de caderas. La gestora tiene intención de meter a sus muchachos y muchachas en cintura.

Amanece por Andalucía. Entre tanto tiento y retiento, la Reina del Sur deja entrever a sus próximos que dará finalmente el paso. Parece que Susana «la sultana» Díaz ha deshojado la margarita. Presto el ánimo, le llegan empujones.

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