11 de noviembre de 2016
La libreta del duque de Chantada

El 'superviviente' visita el Carpena

11.11.2016 | 05:00

En el mundo del baloncesto, y en la vida, existen muchas historias de superación personal pero cuando conocí la historia de Scott Bamforth me impactó. He de reconocer que leyendo su historia a través de la pluma de Daniel Barranquero me emocioné y alguna lágrima cayó de mis ojos. Cuando hace unos días vi a «Scotty B» llorando en Movistar+ mientras recordaba su vida mi admiración fue aún mayor.

Scott vivía en Alburquerque con su madre Elisabeth, de ascendencia mejicana, y su padre John, un loco del baloncesto y el softball nacido en Massachusetts. Formaban una familia feliz que disfrutaba del deporte. El pequeño Scotty hacia sus primeros pinitos en el baloncesto y ya demostraba un fuerte carácter ganador. Sin embargo la felicidad sólo duró 12 años. Una mañana de mayo su padre, con 41 años, amaneció muerto en su cama por un ataque al corazón. Su madre nunca superó esa pérdida, y dos años y medio después con sólo 42, moría por un fallo hepático. Bamforth con 13 años había aprendido a conducir para trasladar a su madre y hasta trabajaba como obrero de 5 de la mañana hasta la una de la tarde. Con 15 años se convirtió en casero, alquilando habitaciones de su casa. Limpiaba, llevaba las cuentas y jugaba al baloncesto. El resto del día, o de la noche, estaba en el gimnasio tirando a canasta. No podía dormir pensando en sus padres y cuando no podía más, se colaba en el gimnasio para tirar. Las pocas horas de sueño que tenía eran en su mayoría en las gradas de la cancha.

Scott superó todo eso, conoció a Kendra, y triunfó en la universidad de Webber State al lado del NBA Damian Lillard. Se casó y su mujer se quedó embarazada. Todo parecía que volvía a la normalidad pero el destino le tenía preparada otra encerrona. A su mujer le diagnosticaron preeclampsia, una de las complicaciones más peligrosas de un embarazo que podría matar a madre e hijo. Con 34 semanas tenían que provocar el parto. Cuando todo parecía que había salido bien y el pequeño Kingzton estaba en las manos de su padre, cambió de color y dejó de respirar. Inmediatamente le echaron de la sala y por su cabeza pasaron todos sus malos recuerdos. Había perdido a su padre y a su madre y ahora podía perder a su hijo. Afortunadamente, los doctores consiguieron reanimarlo y hoy Kingzton, como dice su padre, es «un niño malo de 5 años». El pequeño tiene incluso un hermanito de algo más de tres años. Hoy en Bilbao forman una familia feliz y Bamforth se considera hasta una persona «bendecida por Dios». Aunque muchos lo conocen por su historia personal cuando juega todos nos olvidamos de ella.

Bamforth llega este domingo al Carpena como el gran peligro de un Bilbao Basket donde juegan Mumbrú, Hervelle o Ivan Buva. En un tiempo récord ha conseguido hacer olvidar a Bertans y convertirse en el MVP de octubre en la Liga. Este verano ha jugado el Preeuropeo con Kosovo y ahora busca triunfar definitivamente en la ACB aunque tiene claras sus prioridades: la familia es lo primero. Ahora sólo falta saber qué versión de Unicaja se encontrarán enfrente los hombres de negro. Si Joan Plaza no consigue sacar lo mejor de su equipo la victoria será muy difícil. Suerte€

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