16 de noviembre de 2016
Tribuna

Andropausia

15.11.2016 | 20:16

En estos momentos tengo en mis manos un artículo que habla de la andropausia e inmediatamente, por asociación, han venido a mi mente todos esos hombres, maduritos, para los que la nueva conquista afectiva –para que sea triunfante de verdad– debe tener bastantes años menos. De hecho, cuando se les pregunta por la mujer que ocupa su corazón, no hablan de calidad humana, más bien dicen: es guapa, tiene un tipazo, está muy bien dotada... tú ya me entiendes..., –y con las manos te definen las curvaturas con una precisión tal que no hace falta verla–, es muy joven, pero me sobra para dar la talla. ¿Les parece que estos comportamientos reflejan una compensación narcisista, por eso de que los hombres, muy vanidosos, necesitan estar reafirmándose continuamente? ¿O quizá se deben a que tienen un ego tan deteriorado al que urge reforzar con vitaminas, minerales, proteínas, hidratos de carbono y una sobredosis de confianza? Y, ya se sabe, la juventud suele estar sobrada de estos elementos. Además, en este mundo light, donde priman la apariencia externa y el qué dirán, presentar como un trofeo a una persona mucho más joven les hace quedar como verdaderos héroes. La verdad es que produce mucha pena abrir los ojos a la realidad y darse cuenta de que vivimos atrapados por la oferta consumista de una falsa eterna juventud masculina. Pero hay que hacerlo. Porque eso de que sólo ellas envejecen, que su sexualidad se desvanece antes... es algo que ya ha pasado a la historia. ¿Qué no lo creen? Pues lo siento muchísimo, porque, señores y señoritos, según andrólogos y urólogos, existe el «climaterio masculino» o «andropenia» –síndrome masculino debido a una bajada de la testosterona, la hormona masculina por excelencia– y que se caracteriza por: sofocos, dificultad para conciliar el sueño, estado de ánimo depresivo, aumento del riesgo de osteoporosis, falta de concentración, reducción del número de erecciones matinales, disminución de la libido... ¡Muy fuerte! Por eso, «eternos adolescentes», a la vista de los hechos, no les queda otro remedio que curar la chifladura y hacer caso a los especialistas. Y no estaría de más que educaran un poco ese sentimiento tan importante que es el amor. Porque éste, el amor, parte de la inteligencia y establece un nexo entre ella y los deseos. Y la otra persona, sea joven o vieja, no es sólo un cuerpo, es mucho más que eso.

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