El palique

La Aduana

El alcalde dice que el Museo de Málaga llega tarde. Y eso él, que no ha parado de torpedearlo con la tabarra del arqueológico

23.11.2016 | 05:00

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, se felicitó ayer por la noticia de la apertura del Museo de Málaga, la Aduana, prevista para el doce de diciembre. Pero como la tentación de adjuntar siempre una puya junto a un elogio es poderosa, el regidor sucumbió a ella, ya se sabe que las tentaciones son así, se ponen delante de uno y uno ha de tener mucha voluntad para rechazarlas. O sea, que el alcalde añadió insidioso y puntillosito que la apertura viene tarde. Lleva razón. Pero más tarde habría venido si se le hubiese hecho caso a él, que no ha parado de torpedearlo con su idea de que la parte arqueológica se ubicase en el convento de la Trinidad. De la Torre ha creído poco siempre en la Aduana museo, fundamentalmente porque no se le ha hecho ni caso en sus propuestas. Y el resultado ha sido magnífico. El museo luce ya, esplendoroso, 2.700 piezas expuestas, el otro día lo visitamos, cuarenta millones de euros invertidos por el Gobierno central del PP y del PSOE, lucha ciudadana culminada, casi setenta empleos, un aliciente cultural y turístico de primer orden, uno de los más grandes museos de España.

De la Torre ha dicho siempre que hay un gran sentir ciudadano en pro de que el Convento de la Trinidad (que sin duda es un crimen de lesa desidia que sea un fétido muladar) albergue un museo arqueológico. Es un sentir parecido al que hay para que los terrenos de la antaño Repsol no sean un pegotón de cemento, pero ese es un sentir como que el alcalde siente una mijita menos, quizás un sentir de segunda división o un sentir como de estar por casa, un sentir molesto tal vez, periférico o rogelio, que espanta pelotazos. A De la Torre le debemos la eclosión museística de Málaga y también que la Aduana sea así. Tal vez si hubiera dado menos la tabarra, en la Junta y el Gobierno central alguien habría atendido a llevar el arqueológico a la Trinidad.

El alcalde es capaz de trabajar con un hemisferio cerebral para traer el Pompidou y con el otro para torpedear la Aduana, cuya inauguración y fotos no está dispuesto a perderse En el colmo del desvarío, el regidor ha propuesto que se amplíe ya el Picasso, un museo ´enemigo´, siempre lo ha considerado así, por ser de la Junta. Ni siquiera el Ayuntamiento se esfuerza en señalizarlo bien, ni mucho menos promocionarlo. Qué arte.

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