27 de noviembre de 2016
Mal de Ojos

Hora idiota

27.11.2016 | 02:40
Javier Cárdenas presenta Hora Punta en La 1.

Uno de los actores de La que se avecina, Ernesto Sevilla, lo ha dicho en crudo. Yo, para que no suene tan rotundo, lo diré más suave. Dijo que Javier Cárdenas es gilipollas. Y se quedó tan a gusto. Seguro que Pablo Motos, en cuyo programa andaba ese día, sintió por dentro que llevaba razón, pero no metió más candela al fuego. Seguro que al papá de Trancas y Barrancas le toca su barbita, como un Vincent van Gogh más presumido, que Hora punta, como El hormiguero, someta a Alejandra Castelló a un reto semanal tal como hace el programa de Antena 3 con Pilar Rubio. Uno de los más llamativos ha sido el de bañar a Castelló con «vómito de vaca». Tal cual. El reto se celebraba el día en que Pepe Rodríguez, jurado de Masterchef, acudía al programa de La 1 para hablar de su edición para celebridades. Que nos guises unos sesos, le dijeron al chef, a ver quién se los come antes, o Alejandra o Álex Casademunt, el de OT, que ha encontrado en ese plató horma para su culo y se ha hecho el fuerte. Perdió la chica. El castigo, bañarse en vómito de vaca. ¿Asqueroso? ¿Cosa de gilipollas? Idiota. Creo que responde al tipo de humor, o lo que sea, que acuna el señor Cárdenas, un mundo idiota, un territorio idiota, una soplapollez detrás de otra. Es lo que siempre hizo este pelanas. Desde los tiempos de Crónicas marcianas apuntaba maneras. Cuando supo que Ernesto Sevilla le había llamado gilipollas en su sección de El hormiguero a cuenta de cosas que son gilipollas respondió que «Unos donamos una casa para luchar contra una enfermedad, y otros insultan sin motivo alguno». Respuesta idiota. Más tarde, Ernesto Sevilla matizó diciendo que no quería insultar, y que se refería a la imagen que da en el anuncio de su programa de radio donde se pregunta si «es casualidad» que aumente el número de oyentes. Pues estoy de acuerdo. Todo es muy gilipollas.

Dandi de chiringuito

A la quema de esta Bastilla de chichinabo se ha unido un tipo barbudo con poca gracia, todo hay que decirlo, que hizo un monólogo en el Late Motiv de Buenafuente, en #0, donde trataba de analizar las elecciones de EEUU, pero el tal Ignatius Farray es de los que van riéndose de sus gracias antes de que el público las ría, que no las ríe porque al escucharlo se queda uno con cara de espectador que espera y espera los momentos de llorar en Un monstruo viene a verme, pero como no llegan porque todo es demasiado obvio pues te dedicas a ver el truco y acabas más aburrido que el guardián de un campo de habichuelas, ay, Juan Antonio Bayona, yo quería, estaba dispuesto, entregado, pero no se produjo el milagro. Pues con este Ignatius, igual. La gente, con gana de juerga, sólo rió cuando comparaste a Donald Trump y Hillary Clinton diciendo que el dilema entre uno y otra es como elegir entre Esperanza Aguirre y Cárdenas. Vale, se acepta pulpo como animal de compañía. Lo único que saco en claro es que al presentador de Hora punta le está cayendo, nunca mejor dicho, la del pulpo. Hora punta es ese tipo de programas donde, como el mentado Ignatius Farray de Late Motiv, el equipo, con su presentador estrella a la cabeza, se ríe mogollón antes de que la gente se ría, ese tipo de programas embastados con cascajo de internet, con un tufo a cosa vista, trillada, a cosa superada, y desde luego impropio de una televisión pública que ha de apostar por la calidad sin fisuras, y Hora punta, señor Cárdenas, dandi de chiringuito, es un programa de tonterías, un programa idiota donde su ego, dandi de verbena de barrio, se empavona porque está pensado para rendirle pleitesía cada dos minutos. Pero si hasta es capaz de anular a sus colaboradores, dandi de corral, y quedarse con el gag que los guionistas pensaron para ellos.

Penosa dicción

Usted no cambia. Si mis rastreos por la Red son ciertos, usted empezó en Al ataque, aquella cosa de Alfonso Arús en Antena 3 –años 90 del siglo pasado– que el mismo equipo definió como «cutre salchichero». Y lo era. Nunca me gustó su humor, y como usted se quedó colgado en ese alambre de óxido y caspa, pero tratando a sus «víctimas» con tufillo de superioridad, tampoco me gusta su humor, dandi de gimnasio. Fue en Al ataque, antes de llevarse sus monstruos a Crónicas marcianas, donde dio con pobres criaturas, hambrientas de fama unas, ignorantes e ingenuas otras, como Pozí, Carlos Jesús, o Paco Porras. ¿Recuerda, dandi de sacristía, la condena a pagar 15.000 euros por reírse de un discapacitado de Tenerife, hasta el punto de que la gente se reía luego del chico por la calle? Ah, qué momentos de gloria. Son tontos, pero tan graciosos los jodíos. Ahí sigue. En esa gloria de chumino trasnochado, rodeado de una claque entregada que le ríe las gracias, bañándose en un humor chapucero, ahora premiado por La 1, nada menos que la televisión pública, con una hora idiota. Ni la excusa de llevar invitados de programas de la casa en promoción, ya sea Paco Tous –Víctor Ros– o David Civera esta semana –para vender discos–, justifica este despropósito. La audiencia no se traga sus ruedas cuadradas. Y otra cosa. Vuelvo a El hormiguero. Se le nota mucho que ha bebido de esa fuente. Y es legítimo. En televisión, y cada día más, es difícil tener la orla de la originalidad, que por supuesto usted, dandi de puticlub, no tiene. Pero siendo legítimo beber de todos los programas de entretenimiento del mundo, que es lo que hacen todos, Hora punta se ha quedado en Hora necia, en Hora idiota. Y otra cosa, no lo conozco, ni tengo fobia ni filia hacia Javier Cárdenas. Cuando personalizo tanto y deviene en dandi de no sé qué, sólo hablo de lo que aparece en pantalla. Su vida real me interesa poco. A ese Cárdenas me refiero, al que veo en la tele. Menos mal que la hora necia apenas la ve un millón y pico de espectadores. Demasiados. La única razón que lo explica, creo, es que como su dicción es tremebunda, da igual lo que diga porque no hay dios que lo entienda. A ver si los idiotas son los que lo han puesto ahí.

La guinda

Pobre Rita
Un infarto se llevó a Rita Barberá. Descanse en paz. La familia ha dicho que sólo cree en la justicia del Todopoderoso. Ya da igual. La terrenal no ha podido juzgarla. Y eso se nota en el PP, que de golpe ha salido en los platós a decir que la muerta, es decir, esta mártir, ahora sí, es mía. Los mismos que, con Rajoy al frente, en un acto circense de cinismo partidista, la arrinconaron hace un par de meses. Maldita política. Qué asco.

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